viernes, 28 de marzo de 2025

La crisis desatada por el actual gobierno hunde a las librerías argentinas y muchas cierran



Leila Torres firma la siguiente nota, publicada en el diario Clarín, de Buenos Aires, el pasado 24 de marzo. El título es más que explícito.

Del país con más librerías de América Latina a la crisis que las empuja al cierre

En enero del 2024, un informe de la Universidad Nacional de San Martín reveló que la Argentina tiene la mayor red de librerías de Latinoamérica. Los datos fueron motivo de festejo entre los trabajadores del libro y la cultura. Y aunque las librerías siguen siendo el punto favorito de encuentro entre los lectores, en un año el panorama económico se recrudeció y la venta de libros se desplomó.

La caída de la venta de libros promedia un 40% pero a este porcentaje se suman otros factores: el aumento de alquileres y servicios que dificultan el sostenimiento de un local abierto a la calle, la disminución del turismo internacional y también cambios en las formas del consumo. Algunas de las librerías que tuvieron que cerrar sus puertas el año pasado fueron Gauderio Libros, en Ayacucho 704, Antigua Fray Mocho, ubicada desde 1979 en Sarmiento 1832, y Scotti libros en La Plata.

Este año le tocó a La Cueva, una librería en Avenida de Mayo 1114. Su dueño, Diego, cuenta a Clarín que el cierre se debe a que venden el conjunto de las propiedades de la zona. “Se pierde mucha cultura y el acceso a la información”, dice el librero sobre este cierre pero no se desanima del todo, ya que va a abrir un nuevo local en Santa Teresita.

Alquiler, servicios, empleados
A pocas cuadras, luego de 10 años de trayectoria, la librería Punto de Encuentro baja la persiana en Avenida de Mayo 1100. “Es muy difícil solventar los gastos de alquileres, servicios, más empleados. Otra cosa que pasó fue que la zona de Avenida de Mayo está muy abandonada, sobre todo la zona de la 9 de julio”, explica el librero Carlos Benitez en diálogo con Clarín.

Punto de encuentro nació a finales de 2005 con la premisa de proporcionar un catálogo que invite al debate y a construir un futuro más justo y solidario. Sus libros van desde investigaciones periodísticas, ensayos, poesías , novelas, relatos históricos y clásicos.

En su caso, salieron a buscar un nuevo alquiler porque se vencía el contrato actual. “No había forma de resolverlo porque cada vez que encontrábamos un alquiler los precios eran exorbitantes. Entonces, la ecuación de alquiler, más venta, no coincide”, señala el librero. Sin embargo, no cierran la editorial que seguirá funcionando en su depósito en Boedo y a través de su tienda online.

La venta online fue un salvavidas para muchos comercios. “Muchas veces se vende más que en la librería. La gente se habituó a comprar por Internet después de la pandemia. Hay personas que viven a 20 cuadras de la librería y porque se acostumbró, o porque esto se ha impuesto, compra por Internet”, detalla Benitez que identifica este cambio en las formas de consumir a partir de la pandemia.

“También la gente está muy asustada y no sabe si puede gastarse un porcentaje de su sueldo en libros, son objetos que durante una crisis económica son lo primero que se prescinde, como ir al cine. Estamos esperando que empiece a mejorar un poco por el bien de todos, para que podamos materializar la nueva apertura de nuestra librería”, dice el librero.

Pero a estos factores desafiantes se suma la reducción del movimiento turístico que caracterizaba a la Ciudad de Buenos Aires. “Desde que asumió Milei, con el dólar fijo, no hay turista. Somos muy caros para ellos”, apunta Benitez.

Además, la Ciudad de Buenos Aires también cambió, mientras que antes la concentración de personas se encontraba en el microcentro, actualmente la zona de Palermo tiene mayor circulación. “Antes Avenida de Mayo estaba llena de librerías, hoy todo se mudó a Palermo. Hay un montón de librerías muy lindas ahí”, analiza Benitez.

Otro problema es el aumento del precio del papel. “Al comprar un libro, hay que mirar con mucho detenimiento porque hoy cualquiera está entre 20.000 y 30.000 pesos”, señala. Los bancos ayudaron con cuotas en muchas oportunidades, y –para el librero– en ese sentido ayuda porque es un respiro financiero. “Pero nunca recibimos un apoyo directo”.

Retraimiento en la lectura
Más allá de los factores económicos, para Benitez se está dando un cambio cultural. “Hay un retraimiento en la lectura de parte del público. Hay poco apego a la lectura”, sostiene.

La librería estará abierta hasta el 31 de marzo. El jueves 20 realizaron un evento de despedida, pusieron en liquidación todos los libros. Fue un brindis con amigos, lectores, autores de la editorial, para charlar un poco y pensar cómo seguir para adelante. Pero no se trata de un “hasta nunca”. Punto de Encuentro estará en la 49.ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que se realizará del 24 de abril al 12 de mayo de 2025, en La Rural.

Desde Punto de encuentro, lamentan haber llegado al límite de tener que tomar esta decisión: son muchos momentos simbólicos que se pierden en el cierre de una librería. “Es algo triste. Nos da muchísima pena perder la clientela en nuestra librería. Estaba muy identificada por docentes y estudiantes y había una relación muy directa con ellos”, cuenta el librero.

Quienes leen entienden que el disfrute no solo pasa por el hecho de ir a comprar un libro sino por todo lo que acontece a su alrededor: un debate, una risa, un intercambio cultural, la posibilidad de un punto de encuentro.

“Nosotros vamos a estar en permanente búsqueda de algo que nos permita pagar razonablemente un alquiler. Hoy por hoy no lo podemos hacer, por eso guardamos los muebles y guardamos los libros”, anuncia Benitez.

Hasta acá la crónica, pero esta periodista se permite una anécdota cercana para cerrar. Mientras entrevistaba a Carlos, él me contó el origen del local. Antes de ser suyo, perteneció a un anarquista español. “Cuando el señor falleció, su hijo me vendió este espacio”, recordó. El dato resonó en mi mente porque soy nieta de un anarquista que dedicó gran parte de su vida a los libros.

Cuando se lo mencioné a mi papá, el punto de conexión se confirmó: la librería de la que estoy contando el cierre es, sin saberlo, esa que armó mi abuelo. La fachada se conserva, muchas de las estanterías también. “Esos fueron los últimos muebles que hizo tu abuelo, cuando todavía le quedaba fuerza”, recuerda mi papá y yo pienso que tal vez esta coincidencia no sea un cierre sino el punto de un bordado que augura una nueva historia.

jueves, 27 de marzo de 2025

Otro trabajo brillante de Matías Battistón

Matías Battistón, ya fue dicho muchas veces, es un excelente traductor, pero también un tipo de genio. Para demostrarlo una vez más bastaría con leer su traducción de Belacqua, de Samuel Beckett, título impuesto por la editorial donde acaba de ser publicado More Pricks Than Kicks (1934), el primer libro del autor irlandés, que reúne una serie de cuentos sobre un singular personaje. A continuación se reproduce lo que Battistón escribió para justificar su traducción.

Sobre la traducción

Beckett tenía un cuaderno. Es decir, cuadernos tenía varios. Pero uno en particular, el de apuntes para su novela Sueño con mujeres que ni fu ni fa, que por suerte sobrevivió, nos permite ver un poco el método que utilizaba para escribir a comienzos de la década de 1930. Ahí es donde iba anotando, disciplinadamente, las frases y giros que tomaba de sus lecturas, muchas veces recónditas, con la idea de usarla en sus propios textos. Cada vez que lograba meter alguna, la tachaba, como si fuera una lista de pendientes. Muchas de esas citas son casi imposibles de identificar para el lector común, o incluso el más curtido, y sin embargo en esos guiños se juega gran parte de la apuesta estilística de Beckett: es una especie de respuesta moderna, joyceana, al antiguo género de los centones. Uno lo lee con cierto suspenso, y con cierta frustración también, como si en cualquier momento hasta la maceta del rincón pudiera citar a Horacio sin que uno se dé cuenta.

Si bien para este libro Beckett en general decidió escribir de una manera más despojada, el método más o menos se mantuvo. Sobre todo, claro, en las partes que él tomó de Sueño con mujeres que ni fu ni fa y que aquí adaptó, en particular el cuento “Una noche húmeda”. Hay muchos pasajes que directamente se vuelven incomprensibles o injustificables si uno no detecta la referencia. Algo similar pasa con las alusiones a ciertos detalles de Dublín o a la propia vida de Beckett. Además, claro, del uso constante de expresiones o frases enteras en otras lenguas, que él ni amaga a traducir. Es como si, parafraseando al personaje de la Ottolenghi, él preguntara a cada rato: “¿Les parece que es absolutamente necesario traducir esto?”.

Nunca podría decirse que a Beckett lo desvelara ser transparente. En plena Segunda Guerra Mundial, una vez incluso lo retuvieron unos guardias fronterizos porque pensaban que el manuscrito de Watt estaba escrito en código. Verlo como un mensaje espía, encriptado, les parecía más verosímil que verlo como literatura. Pero son sobre todo los textos de juventud los que parecen llevar como divisa: “Que lea el que pueda”. Así y todo, aunque la opacidad sea adrede, y el libro quizá no pueda apreciarse como corresponde si no nos deja perplejos, me dio la impresión de que se justificaba el trabajo de aclarar las alusiones y dar una traducción de lo que estuviera en otras lenguas, todo en notas al pie[1], a veces extensas, para que el lector pueda hacer trampa dignamente. Desde luego, el que no las necesite, o prefiera el muy entendible placer de no entender, puede obviarlas. Sé que hay algunas que sobran. Espero que eso compense las que faltan.

El título merece una aclaración aparte. More Pricks than Kicks es un juego de palabras con varias vueltas, que como de costumbre tarda mucho más en explicarse que en captarse. Podríamos empezar señalando que es una alusión a la frase to kick against the pricks, tomada de Hechos 26, 14, donde se narra la conversión de Saulo de Tarso en el camino a Damasco: “Todos caímos al suelo, y yo escuché una voz que me decía en arameo: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Duro es dar coces contra el aguijón”. Con esta metáfora agropecuaria, Jesús estaría tratando de ilustrarle a san Pablo lo inútil y hasta dañino que puede ser resistirse a una fuerza invencible, como el buey que da patadas contra el aguijón o la aguijada que los boyeros usan para picar a la yunta. Volviendo a Beckett, more pricks than kicks significaría, entonces, “más aguijones [o aguijonazos] que coces”: más tormentos o imposiciones, si se quiere, que intentos de rebelarse contra ellos.

Sin embargo, kick en inglés también puede referirse a una experiencia divertida, placentera, como en get a kick out of something (“divertirse con algo”). Así que more pricks than kicks podría leerse como “más aguijones que diversiones”, en el sentido de “más de algo malo que de algo bueno” (con algún eco de otra frase hecha, more kicks than half-pence, “más patadas que monedas”, usada en general para referirse a una actividad que se paga con maltrato más que con dinero). De hecho, kick también puede aludir al placer sexual, y prick, al órgano masculino; en otras palabras, more pricks than kicks puede leerse también como “más penes que orgasmos”, una triste estadística. Y la cosa no termina ahí, si uno recuerda que además prick puede aludir —al igual que “pene” en algunos dialectos del castellano— a una persona molesta, idiota, energúmena. More pricks than kicks, de nuevo, podría significar entonces “más idiotas que buenos momentos” (más forros que polvos, digamos). En fin, con todo esto el lector ya puede seguir combinando los sentidos y alusiones por su cuenta y entretenerse buscándole incluso más vueltas a la frase.

Ahora bien, ¿cómo traducirla? Quizá convenga imitar la admirable curiosidad del alumno que espía el examen del compañero y preguntarnos antes cómo la han traducido otros. Porque traducciones de este libro en otros países ya hay varias, todas con títulos muy distintos.

Hasta ahora, la única traducción íntegra que había al castellano era la española de Víctor Pozanco para Lumen, publicada en 1990. Pozanco, calculo yo, habrá considerado intraducible el juego de palabras del título, porque lo descartó de plano y recurrió a una alternativa más explicativa y geográfica, Belacqua en Dublín. Es una solución que se aprecia mejor si captamos el guiño a Joyce: “Ulises en Dublín” era, justamente, el título de un cuento que se iba a incluir en Dublineses y que terminó convirtiéndose más tarde en la novela Ulises. Podemos imaginarnos a Pozanco descartando otras alternativas menos convincentes, como Retrato del Belacqua adolescente o Belacqueses, antes de llegar con alivio a esta.

Siempre es interesante ver cómo Beckett, que solía traducirse él mismo, cómo adaptaba sus propias obras al francés. Sin embargo, More Pricks than Kicks es uno de los pocos libros que él no llegó (o se negó) a traducir, aunque sí ponderó en su momento, sin mucho entusiasmo, un posible título, Ni bouche ni éperon. La expresión francesa n’avoir ni bouche ni éperon se usa para referirse a alguien tonto, insensible, como un caballo que no reacciona ni a la brida ni a las espuelas, así que esta alternativa mantendría cierto hálito cuadrúpedo en la imagen, al igual que la idea de insensibilidad o pasividad, aunque no la rima interna ni la aliteración. Tras la muerte de Beckett, varios propusieron otras alternativas (Plus de peur que de mâles, según Jean Jacques Mayoux; Plus de couilles que de coups, según Bruno Clément), hasta que Edith Fournier terminó traduciendo el libro para Éditions Minuit en 1994, todavía más libremente, como Bande et sarabande.

Por su parte, la traducción italiana de Alessandro Roffeni, publicada por primera vez por la editorial milanesa SugarCo en 1970, se decantó primero por eludir el problema, eligiendo un título seco y descriptivo, Novelle, y al reeditarse la obra cinco años después, por otro mucho más llamativo, Più pene che pane (que parece más bien el título de alguna película donde la Cicciolina tuviera que mantener a flote esforzadamente una panadería). Más cerca en el tiempo y el espacio, en 2021, Ana Helena Souza tradujo el libro al portugués para la editorial brasileña Biblioteca Azul, con el feliz título de Mais pontas que pés.

Al ver que ninguna de esas versiones se dejaba plagiar dócilmente, barajé opciones. Demasiadas, de hecho, que iban desde lo literal pero sin chiste (Más punzadas que patadas), al punto medio entre libertad y literalidad (tomando algún giro local, como “poner palos en la rueda” digamos, y adaptándolo: Más palos que ruedas), hasta otras del todo libres, que por ejemplo apuntaran a las connotaciones sexuales del original, cuando no al chiste verde (recordemos que Irlanda en su momento el título del libro en parte hizo que lo retiraran del mercado), tal vez incluso haciendo un guiño a la impotencia y al final infausto de Belacqua (Mal acaba). Así fui llenando páginas de tachones.

Mientras tanto, eché un último vistazo a otras latitudes y vi que, cuando Christian Enzensberger tradujo More Pricks than Kicks al alemán para Suhrkamp en 1989 como Mehr Prügel als Flügel, la crítica Ria Endres dedicó la mayor parte de su reseña en Der Spigel para explicar, no sin cierta crueldad, por qué el título estaba mal traducido; según ella, tendría que ser algo como Mehr Schwänze als Tänze. Se me ocurrió entonces que, para ahorrar tiempo y cortar por lo sano, yo directamente podría preguntarle a un reseñista impecable cómo traduciría el título en castellano él. La respuesta de Juan Comperatore, director de la revista El Diletante, fue Más coces que goces. Me pareció mucho mejor que todas las opciones que había garabateado yo, y más cercano al original que las otras que acabo de describir, así que lo adopté.

La editorial, sin embargo, después de escuchar todas las alternativas ya mencionadas, prefirió optar por la eufonía y simplicidad del nombre del protagonista, y decidió trocar traducción por bautismo: el libro pasaría a llamarse Belacqua. Yo acepté, claro. No patalear mucho me pareció, en cierto modo, otra forma de fidelidad al título en inglés. 



[1] Todas las notas al pie me pertenecen, salvo las notas del propio Beckett, indicadas con “N. del A”. Una bibliografía pormenorizada de todas las fuentes que usé para mis notas sería muy larga. Me limito a mencionar al académico John Pilling, que hizo un gran trabajo rastreando las referencias de Sueño con mujeres que ni fu ni fa y estos cuentos, sobre todo en su libro Samuel Beckett’s More Pricks than Kicks: In a Strait of Two Wills (Londres, Continuum, 2011), sin el cual me hubiera sido imposible desentrañar muchas partes del texto, y al que tantas veces (no las suficientes) cito. Aprovecho también para señalar que Sueño con mujeres que ni fu ni fa es la traducción de José Francisco Fernández de Dream of Fair to Middling Women (Barcelona, Tusquets, 2011).


miércoles, 26 de marzo de 2025

Un recuerdo para Julio Verne



El 24 de marzo pasado, Javier Aranda, publicó en La Jornada, de México, un recordatorio a propósito del 120 aniversario de la muerte de Jules Verne (Julio, para la lengua castellana). 

Julio Verne: mientras el corazón lata

Hace 120 años, el 24 de marzo de 1905 a las 2:45 de la tarde falleció en su domicilio de Amiens, de la calle Longueville 44, Jules Gabriel Verne a los 77 años, hombre de letras, oficial de la Legión de Honor, funcionario de instrucción pública, antiguo consejero municipal de la ciudad, según el acta oficial de su deceso. Un clásico, a decir de Gorki, un maestro sorprendente para Tolstoi, el más grande magnetizador de los tiempos modernos según Breton. Ray Bradbury se consideró su hijo ilegítimo. Dicen que Nietzsche vino a romper un camino trazado y Julio Verne a abrir un camino no trazado aún. Como sea, se ha convertido quizás en el escritor más traducido por encima de Shakespeare, como revelan los datos de la Organización de Naciones Unidas, para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Un continuador de la Odisea homérica, cuyas escenas son para el Nobel Jean-Marie Gustave Le Clézio tan importantes como los mitos o las imágenes de la poesía griega.

En 1863, Julio Verne escribió su primera novela, pero su editor consideró demasiado crudo el mundo que describía: una sociedad dominada por la técnica, poblada por fríos rascacielos de cristal, automóviles impulsados por gas, trenes como el Shinkansen, que comunicaban la metrópoli mediante cuatro círculos y que eran impulsados por aire comprimido y se desplazaban por las vías sin desgastarlas gracias a la fuerza electromagnética. Una ciudad funcional, pero con sus habitantes reducidos a comportarse como un engrane más de esa maquinaria. Y el futuro, ese futuro, nos alcanzó. Él sabía que todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad.

Una de las cosas más sorprendentes de Julio Verne es habernos demostrado que la imaginación, la loca de la casa, como la llamaba Fernando del Paso, es el cogote del arte y la literatura, sí, pero también de la ciencia y la técnica.

Las novelas de Verne, ese abogado que se negó a ejercer su profesión para fortuna de la literatura y la ciencia, han sido nuestro futuro anticipado. Nuestro bosquejo del mañana. Existen muchos ejemplos en sus novelas que lo confirman: el colosal Nautilius que surca los mares impulsado por electricidad y cuyas armas despiden descargas eléctricas a distancia o el ya clásico Viaje de la Tierra a la Luna, donde imagina un proyectil vagón de aluminio de forma cilíndrica terminada como un cono capaz de albergar en su interior a un tripulante. De Florida despegó la famosa Apolo 8, cuya misión fue alcanzar la Luna. De Cabo Cañaveral, un lugar muy cercano al imaginado por el escritor francés.

No dejan de sorprendernos el número de anticipaciones descritas por Verne en sus novelas (el helicóptero, Internet, las armas de destrucción masiva, el elevador). Pero el escritor las relativizaba: No me enorgullece particularmente haber escrito sobre el automóvil, el submarino y el dirigible antes de que estuvieran en el dominio de las realidades científicas. Cuando hablé de ellos en mis libros como de cosas reales, ya estaban inventadas a medias.

Todo gran escritor crea, además de su obra, su propia legislación; sus leyes para acercarse a ella. Por eso no me sorprende el doliente reclamo de Verne al decir que el gran pesar de mi vida ha sido que nunca he tenido lugar alguno en la literatura francesa. Imposible acercarse a su literatura con las reglas de la academia tradicional, con los valores de la crítica sin imaginación. Si el establishment literario de su país no lo acogió, lo han acogido millones de entusiastas lectores. Algunos han hecho películas o puestas en escena inspirados en sus obras, o le han rendido sentido homenaje como Julio Cortázar con La vuelta al día en 80 mundos, colección de textos breves sobre cualquier cosa destinados a divertir. Para el Gran Cronopio, Verne fue su primer y más grande maestro literario.

Sesenta y cuatro novelas, 24 cuentos, 37 obras teatrales y 124 poemas han entusiasmado a varias generaciones de lectores para llevarlos. Viaje al centro de la Tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino, Miguel Strogoff, La isla misteriosa, Viaje a la Luna, La vuelta al mundo en 80 días, aventuras que seguirán alimentando la imaginación de los lectores mientras el corazón lata, mientras la carne palpite.

martes, 25 de marzo de 2025

Errores de traducción aceptados y difundidos


El pasado 16 de marzo, los filólogos Bárbara Marqueta Gracia, de la Universidad de Zaragoza y Francisco Javier Rubio Orecilla, de la Universidad de Salamanca, publicaron en The Conversation este artículo a propósito de errores de traducción consagrados como buenas traducciones.

¿Es la palabra medio ambiente una mala traducción?

La historia de las lenguas, como la de nuestras vidas, está repleta de pequeños malentendidos que tienen consecuencias con las que aprendemos a convivir. Este artículo va a tratar, precisamente, de malas traducciones, y de cómo muchas de ellas han pasado a formar parte del español, sin que su origen sea ya relevante. ¿Cómo dejamos que sucedan estos errores?

En primer lugar, hay que tener presente que las lenguas naturales cambian constantemente, y que muchos de estos cambios son el resultado de “errores” (inconscientes) de transmisión de la lengua, fenómeno conocido en Lingüística como reanálisis.

También ayuda que, ya desde muy pronto, aprendemos a no tomarnos los errores lingüísticos demasiado en serio. Los niños usan incorrectamente muchas palabras mientras están aprendiendo a hablar. Además, ¿quién no ha jugado alguna vez al “teléfono roto” y se ha divertido comprobando cómo se distorsiona un mensaje original a través de la cadena de oyentes?

Finalmente, los hablantes de una lengua entran en contacto con otras, de las que toman palabras y estructuras prestadas, con mayor o menor acierto. Por eso podemos encontrarnos con traducciones desafortunadas desde que tenemos registros escritos.
De ‘traiciones’ bíblicas y bélicas

Traduttore, traditore. Como reza el dicho italiano, traducir es cosa de traidores. Y hay errores de traducción que forjan leyendas.

Durante siglos, se representó a Moisés con cuernos porque en la traducción latina de la Biblia, la Vulgata de San Jerónimo, se dice que este descendió del Monte Sinaí sin percatarse de que su cara estaba cornuta, ‘cornuda’.

Múltiples blogs y sitios de internet acusan a San Jerónimo de haber confundido la palabra hebrea qāran “resplandecía” con qeren ‘cuerno’.

En realidad, San Jerónimo estaba usando metafóricamente la expresión cara cornuda para traducir que su cara resplandecía, tal y como aparece en la traducción griega de la Biblia. San Jerónimo trabajaba con la traducción griega junto al texto hebreo. Simplemente, en la Antigüedad tardía los cuernos se consideraban una manifestación simbólica del poder de la divinidad.

No menos sonada es la polémica existente en torno a la siguiente frase del Nuevo Testamento: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios” (Mateo 19:24).

Muchos han sospechado que se trata de un error de traducción, probablemente de hablantes de arameo pasando las enseñanzas de Jesús al griego. Hay dos hipótesis: la primera, una confusión entre las palabras griegas para camello (κάμηλος) y soga (κάμιλος), algo quizá más factible de enhebrar. La confusión se habría visto facilitada porque la segunda vocal de las dos palabras (kámēlos : kámilos) se pronunciaba igual en esa época.

Como las comparaciones con el camello son muchas en la Biblia, hay una segunda hipótesis: que las palabras empleadas para ojo de la aguja, distintas en cada Evangelio, signifiquen en realidad grieta. En este caso, el camello tendría dificultad para pasar, simplemente, por un lugar demasiado estrecho. Como sucede con los cuernos de Moisés, se trata de un problema de choque cultural: siglos después, lo que a San Jerónimo o a cualquier habitante de Oriente Medio le sonaba normal, a un lector de otro contexto le podía resultar extraño.

El silencio atómico de Japón
Es célebre otro supuesto error de traducción de tintes históricos: la interpretación de la palabra japonesa mokusatsu como ‘lo despreciamos’ en lugar del pretendido ‘sin comentarios’. Mokusatsu fue la respuesta oficial de Japón a la demanda aliada en la Declaración de Potsdam de rendirse incondicionalmente en la Segunda Guerra Mundial.

La expresión era ambigua y agresiva (el sentido literal de los signos japoneses es asesinato silencioso). Se interpretó que Japón rechazaba esos términos, algo que contribuyó a la decisión del presidente Harry S. Truman de llevar a cabo los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Tras la guerra, Japón esgrimió como justificación un error de comprensión por parte del mando norteamericano. Desde luego, traducir de una lengua a otra no siempre es comprender una cultura ajena.

¿Medioambiente se originó en un error de traducción?
Uno de los casos más comentados es el que atribuye a una traductora sueca en 1972 la acuñación del término medioambiente (o medio ambiente), debido a un descuido en la traducción de environment juntando sus dos sinónimos en el diccionario: ‘medio, ambiente’. Simplemente, omitió la coma.

Pero parece discutible que usar en español la expresión medio ambiente se deba a un error de traducción.

Como filólogos que somos, para verificar la fecha de incorporación de la palabra acudimos a los corpus de la Real Academia Española. En este caso, el Corpus del Diccionario histórico de la lengua española nos deparaba una gran sorpresa: la primera documentación de medio ambiente con un significado claramente afín al que manejamos actualmente se da en un texto de José Echegaray ¡de 1870!

No es una casualidad, ni mucho menos. La escritora Emilia Pardo Bazán también lo emplea hasta cuatro veces en La cuestión palpitante de 1883, al igual que Juan Vilanova y Piera, en su Compendio de geología de 1872.

Así que parece que podemos descartar que esta expresión deba su presencia en nuestra lengua a una señora sueca (a lo sumo, sería responsable de su revitalización). Sobre la necesidad de una divulgación lingüística informada hemos advertido en otros foros.

Compuestos tautológicos y redundancias
De haberse conformado, efectivamente, la palabra medioambiente por el solapamiento de dos sinónimos, nos encontraríamos con una unidad, poco frecuente, que se denomina compuesto tautológico, como la palabra pathway en inglés, literalmente, ‘camino, camino’.

Mucho más habituales son los ejemplos de lo que se denomina redundancia léxica, como insistir de nuevo o peluca postiza. En definitiva, no solo los hablantes extranjeros cometen errores de uso que implican la repetición de conceptos.

Es de humanos cometer errores… y de máquinas también
En pleno siglo XXI, es imposible estar en el mundo y no toparse con errores humanos de traducción. Internet se hace eco de los más hilarantes. Ahora bien, las decisiones de traducción humanas son a veces, por casualidad o quizá por el buen hacer, fuente de inesperados hallazgos.

Augusto Monterroso, en su divertido ensayo Sobre la traducción de algunos títulos comentaba con sorna diversos ejemplos: José Bianco tradujo The Turn of the Screw de Henry James por Otra vuelta de tuerca; la traducción literal hubiera sido La vuelta del tornillo, que en inglés se refiere a ‘coacción’. Obviamente, Otra vuelta de tuerca suena mucho mejor que la traducción literal, es mucho más expresiva que La coacción, y por eso se ha integrado en el uso habitual.

En el caso de The Importance of Being Earnest de Oscar Wilde, su traducción literal es La importancia de ser formal (o serio)’, pero se suele conocer en el mundo hispánico por La importancia de llamarse Ernesto, un buen intento de mantener cierto tono juguetón, ya que en el original inglés, earnest es una alusión al (presunto) nombre del protagonista, Ernest. Lo cierto es que hubo intentos de mantener el juego de palabras, cambiando el nombre del personaje por Severo o Franc (en catalán)

En lo que respecta al uso de las inteligencias artificiales, incluso la traducción automática del inglés, tan perfeccionada, falla estrepitosamente a la hora de identificar matices como los que median entre una auténtica joya y una joya auténtica o un montón de libros y unos libros del montón (compruébelo en casa).

Así, queremos convocar a los profesionales de la traducción de lenguas diversas para que firmen un artículo en The Conversation compartiendo las más disparatadas interpretaciones que la traducción automática hace de pasajes de su lengua.

Quizá, el día que las máquinas resuelvan cuestiones lingüísticas mejor que las personas, sea el día que por fin un camello pase por el ojo de una aguja.

lunes, 24 de marzo de 2025

Plagios: la lentitud de la ley

Elisa Silió
, el pasado 18 de marzo, publicó un interesante artículo en el diario El País, de Madrid, a propósito de los plagios académicos. En su bajada se lee: "Los infractores son castigados con la anulación total o parcial de sus tesis u obras, pero los afectados pierden dinero en abogados y son ninguneados por las universidades culpables del delito".

El desamparo de las víctimas de plagio académico: “Copiar sale muy barato”

Plagiar una tesis, un trabajo fin de máster o un libro está perseguido por la ley en España. Los infractores ven anulados total o parcialmente sus títulos u obras y en ocasiones tienen que compensar con cientos de euros a los afectados, pero estos siempre se quedan con una sensación más agria que dulce. El Instituto Autor, creado por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) en 2005, ha analizado 11 casos comprendidos entre 2000 y 2024 que han transcendido y llegado al Tribunal Supremo o a audiencias provinciales, pero hay otros solventados con dictámenes de consejos consultivos autonómicos, juzgados mercantiles o por la propia publicación. En 2019, por ejemplo, la editorial Elsevier retiró un estudio de Juan Corchado, hoy rector de Salamanca, y tres colaboradores por plagiar un trabajo de fin de máster.

Los casos recogidos en este reportaje responden al mismo patrón: las copias académicas se han descubierto por internet, los culpables no han pedido perdón salvo en un caso, los miembros del tribunal no aplicaron herramientas de detección de plagios ―cuando deberían―, sus universidades no se han implicado en el proceso legal pese a copiarse una obra de su repositorio o las universidades infractoras no han informado de todos los trámites a los agraviados, que pierden dinero pagando abogados aunque venzan en los tribunales. Una suma de despropósitos que lleva a los damnificados a sentirse indefensos.

Ana Torrecilla: “¿Por qué el plagio prescribe?”
En 2012 el Tribunal Supremo determinó que existe propiedad intelectual en un texto “por la forma literaria o artística de su expresión” y no por “los descubrimientos, contenido y esfuerzo de su autor”; y en base a este juicio, fallan los tribunales. Ana Torrecilla, profesora de Historia en un castillo-instituto en Cuéllar (Segovia), encontró en 2021 el plagio de su tesis doctoral en una plataforma de intercambio de apuntes y resúmenes. No contento con fusilar Los macella en la Hispania Romana: estudio arquitéctónico, funcional y simbólico (Universidad Autónoma de Madrid, 2007), el alumno ―inconsciente del delito intelectual― subió su trabajo fin de máster (TFM) a Studocu.com. “Yo sigo mirando lo que va saliendo de bibliografía para estar al día”, cuenta la plagiada. “Todo, todo, todo está copiado. Ese chico no ha movido el trasero del ordenador, cuando yo me he recorrido media España, he hecho las fotos, los gráficos son míos, los dibujos de plantas [de edificios] son míos... A veces cambió una palabra y transformó el sentido de lo que yo decía”.

Torrecilla habló con Studocu.com, que retiró el TFM, y escribió al tutor del trabajo, que se excusó. La primera versión, le relató el profesor de la Universidad de Valencia, estaba llena de errores y la de segunda convocatoria se corrigió a toda prisa a pocos días de la defensa. “Lo que no entiendo es por qué no pasaron la herramienta antiplagio”, reflexiona la arqueóloga. El tutor se comprometió a dar parte a la dirección del máster y al rectorado, “pero transcurrieron dos años y no pasaba nada. Pensé: me están tomando el pelo”. Habló entonces con un abogado de Valladolid que le explicó que no podía denunciar por daño económico, pero sí por daños morales. En el rectorado le informaron de que en diciembre de 2023 una comisión de la UV iba a fallar sobre el caso, pero no ha logrado saber más.

Con estos mimbres, en enero de 2024 Torrecilla decidió ir a juicio. “Primero tuve que contratar a un detective privado para saber dónde vivía el chico y poder ponerle la denuncia. Luego tener un procurador en Valencia, hacer fotocopias de mi tesis...”, relata. El defraudador reconoció el plagio y el abogado le recomendó que llegase a un pacto. “Me iba a costar que el abogado fuese a Valencia, lo mismo se declaraba insolvente...”. Así que aceptó 2.000 euros, cuando ha invertido en el juicio 2.139 euros. “He puesto 139 euros de mi bolsillo. En este país plagiar sale muy barato”.

Torrecilla se pregunta: “si los derechos de autor caducan 70 años después de su muerte, ¿por qué el plagio prescribe a los cuatro años?”. El juzgado de lo mercantil en el que presentó la demanda acaba de fallar que se anule el título de máster, al igual que se pronunció en el mismo sentido en septiembre el Consell Jurídic Consultiu valenciano. De este trámite se ha enterado por este diario.

Inma Ponsatí: una doble victoria amarga
La ley de propiedad intelectual protege de los derechos morales desde dos perspectivas: la acción de cesación (anulando el texto e impidiendo que se vuelva a plagiar) y la acción de indemnización de daños y perjuicios. Inma Ponsatí, ahora profesora jubilada del Conservatorio de Música de Girona, logró esa doble victoria. Defendió en 2011 su tesis sobre educación musical en la Autónoma de Barcelona por puro placer, no pensando en una carrera académica. Siete años más tarde se quedó atónita al colgar un investigador un artículo de una doctora por la Universidad de Valladolid (UVA) que copiaba palabra por palabra su tesis. Descubrió entonces que la había calcado 104 fragmentos de su trabajo en su propia tesis y más párrafos en otras 10 artículos posteriores.

Ponsatí denunció en un tribunal de Girona tras no llegar a un acuerdo extrajudicial, pues la infractora negó el plagio. No quería que el caso quedase impune, pero no podía pedir la anulación de la tesis entera, porque no era suficiente copia. En 2023 la Audiencia Provincial de Girona le dio la razón por segunda y última vez y la condenó a corregir esos párrafos ―algunos, por su gran extensión, los suprimió― y a pagarle 2.694 euros por daños económicos y otros 3.000 por morales. Tres de sus artículos fueron retractados sin dejar rastro con una notificación en la revista y en otros siete aparece una nota. En el repositorio de la UVA está colgada la tesis con una nota de la resolución judicial que apenas se ve.

La plagiadora argumentó que se hallaba en indefensión jurídica porque desconocía el catalán ―el idioma en el que estaba redactada la tesis calcada― despertando la hilaridad de los tres jueces: “Si alguna vulneración a su derecho de defensa se produjo (cosa que no acertamos ni a intuir), sería atribuible a su desidia o negligencia”. La autora leyó otra tesis en la Universidad del País Vasco y enseña en la Universidad de Salamanca. Copiar no le ha pasado factura. Incluso ha dirigido una tesis ―se leyó en 2021 con el proceso judicial en marcha― y participado en el tribunal de otra en 2022, al mes siguiente de haber sido condenada por un juzgado.

Erla Mariela Morales: “Faltan protocolos para saber denunciar”
Cuando en 2017 Erla Mariela Morales, profesora de la Universidad de Salamanca, descubrió el plagio de su tesis sobre informática y didáctica se lo comunicó al rectorado que le explicó que no podía tomar medidas contra un fraude de otra institución. Por su parte, el director de la tesis fraudulenta le presentó sus disculpas y le adelantó que se tomarían medidas. Y ahora, una vez que el pasado diciembre la Universidad de Vigo ha cancelado a la boliviana Raquel Ivonné Jalil Angulo su tesis plagiada ―Morales supo de esta noticia por este diario― la profesora de la USAL ha decidido acudir a la justicia y aspira a contar con el respaldo legal de su universidad.

Por lo pronto Vigo, que no da señales desde que hace seis años le pidiese detalles de su caso, ha retirado la tesis de su repositorio. “Faltan protocolos para saber denunciar. Hay una clara indefensión”, se lamenta. La Universidad de Santiago confirmó a EL PAÍS, por otra parte, que Jalil Angulo no había cursado allí otros cursos de doctorado, pese a jactarse de ello en sus currículums. La exdoctora boliviana, que no ha contestado a este diario y que pertenece a la Academia Panamericana de Ingeniería, no ha quitado ninguno de sus doctorados de su perfil en Linkedin.

Tetyana Nizhelovska: “¡No esperas que te roben en tu cara!”
La pesadilla de Tetyana Nizhelovska no ha terminado. Hace un mes en redes el plagiador la tachó de “mezquina y sinvergüenza”. En 2016 esta ucrania terminó su máster en la Universidad de Valencia con matrícula de honor, gracias a un trabajo final (TFM) sobre la escritora Lesya Ukrainka, compatriota, y se fue a un congreso en Cádiz de hispanistas de su país. Su intención era hacer contactos y de resultas terminó cruzándose en 2019 correos con el historiador y editor español José Andrés Alvaro Ocáriz, conocido de uno de los catedráticos presentes. Supuestamente, él buscaba bibliografía sobre esta notable figura de la literatura porque quería “promover la cultura” de Ucrania. Ahora Tetyana se siente “ingenua” pero ya no “avergonzada”, porque le hizo llegar su TFM ―sobre lo que versaría también su tesis―. Le dije: “Puedes citar mi trabajo, que está registrado”. Cada día se arrepiente.

Estando aislada en Kazajistán por la pandemia ―era profesora de español allí― se alarmó en 2020 al descubrir que Alvaro Ocáriz había publicado el libro Lesya Ukrainka, el alma de Ucrania en una editorial de su propiedad. “Entré un poco en pánico. ¿Qué ha pasado?”. Se descargó el libro en su ebook y se confirmó el plagio. “Me pasé una semana llorando. ¡No esperas que te roben en tu cara!”. En las páginas del libro estaban sus traducciones de textos y “gran parte” de las conclusiones del TFM.

La Universidad de Valencia concluyó que no podía actuar, porque el plagiador no era del centro académico así que, con la ayuda de su tutor, contactó con un despacho especializado en derechos de autor. Después de recibir un burofax, Alvaro Ocáriz se comprometió a retirar la obra. “Y mientras, hacía un montón de entrevistas en España y Ucrania, le daban una medalla de honor en la Embajada de Ucrania… Ahora lo cuento tranquila, porque ya lo tengo trabajado”. Más de un año después denunció a Alvaro Ocáriz: había cambiadoel contenido, pero ni la ISBN (Número Internacional Normalizado de Libros, en sus siglas en inglés) ni la portada. Para hacerlo tuvo que contratar a un perito que desde Ucrania ―donde Rusia había empezado a bombardear― cotejó los textos. Un juez estimó que la primera versión era un plagio, pero en la segunda no, y que Alvaro Ocáriz debía compensarle con 3.000 euros por daños morales, pero no la retirada del libro. “¡Y yo no sé qué versión está vendiendo!”, se queja. Su recurso a la sentencia no tuvo éxito. El autor “no ha puesto en su blog, como decía la sentencia, que la primera versión de su libro era un plagio”, se lamenta Nizhelovska . “Ni ha publicado, como tenía que hacer, una disculpa en el periódico ucranio Pravda”. Por eso sus abogados van a solicitar que se ejecute la sentencia. Y el plagiador, que no ha contestado a este diario, sigue de bolos con el libro: este marzo ha pronunciado una conferencia en Logroño sobre la literata.

José Antonio Aguilar: “Hay incentivos para que las víctimas no denuncien”
A veces hay que irse muy atrás para encontrar el plagio. En el caso de José Antonio Aguilar Rivera, profesor investigador en la división de Estudios Políticos del CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas) de México, perseguirlo ha sido especialmente tortuoso. En 2001 publicó el libro El manto liberal. Los poderes de emergencia en México (1821-1876) en la editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y en 2017 comprobó que un compatriota había calcado 53 de sus páginas en una tesis defendida en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) ―el 20% del total― y en un libro publicado por la Suprema Corte de Justicia de México.

Aguilar Rivera tuvo que esperar hasta 2021 para que el Consejo Consultivo de Madrid recomendase a la universidad retirar el doctorado y el proceso legal se ha demorado en México hasta 2024. Asegura que, aunque se dirigió formalmente en numerosas ocasiones al rectorado de la UAM, este dejó de explicarle la fase del procedimiento abierto por plagio: “Me parece de una irresponsabilidad institucional monumental que no se dignaran a reconocerme como alguien que tenía derecho a saber qué ocurría”. Por EL PAÍS ha sabido del dictamen del consejo y fue el propio plagiador quien le confesó de pasada en uno de los correos electrónicos que le habían retirado el título de doctor.

En el dictamen consultivo, algo muy poco habitual, el director de tesis se disculpa: “La conclusión de esta tesis doctoral se produjo en un momento en el que vencían los plazos para su presentación, lo que hizo que su finalización se precipitara, y que lo acelerado de su fase final ayudó a la comisión del fraude”. En cambio, un miembro del tribunal defendió la “novedad” y al autor del plagio, pese a ese 20% calcado.

El plagio tuvo su propio devenir judicial en México, donde se había publicado el libro original. “Fue kafkiano. La Suprema Corte de Justicia, que había publicado el plagio, decidió denunciarnos al plagiario y mí, con el argumento de que no sabía quién era el responsable del plagio”, narra Aguilar. “Cuando había una década de diferencia entre un texto y el otro. Tuve la necesidad de defenderme en la instancia de derechos de autor. Eso configura una serie de incentivos para que las víctimas de este delito no denuncien”, se lamenta.

La Corte denunció luego al plagiario por lo penal, pero Aguilar no quiso seguir esa vía por lo que el culpable salió impune. “Lo único que quería era una disculpa pública, que no ha existido. En las escasas comunicaciones privadas que tuve con el infractor, daba una explicación absolutamente ridícula; que le había dado a un corrector de estilo su tesis y que había sido el responsable... Eso abría una ventana a saber lo que había ocurrido: que probablemente el trabajo había sido comisionado a un tercero, responsable de haber hecho el plagio”. Aguilar publicó un artículo novelado en la revista Nexos sobre su pesadilla. El plagiador es un abogado con una breve y abrupta carrera en la política mexicana.

Nota de la autora: No consta en el texto el nombre de todos los plagiadores porque en la sentencia o resolución del consejo consultivo no aparece el nombre real o el título de la obra, salvo en un caso.

viernes, 21 de marzo de 2025

La FUNDEU proporciona algunas instrucciones la mar de majas pa' cuando llegue el Apocalipsis



Todos sabemos que, si un asteroide de proporcionas impacta sobre la tierra, las consecuencias pueden ser terribles. Por eso, la FUNDEU (Fundación del Español Urgente, brazo armado de la Real Academia, siempre dispuesta a corregir la falta de salero de los hablantes no peninsulares) consideró necesario que muramos expresándonos de la manera correcta. Es así que, el pasado 17 de febrero, en su sitio, publicaron estas indicaciones, muy oportunas para cuando estemos a punto de crepar.

Aproximación de un asteroide a la Tierra, las claves de redacción

A propósito de la profusión de noticias relacionadas con el asteroide 2024 YR4, que podría chocar contra la Tierra en 2032, se ofrecen algunas claves de redacción.

1. Asteroide, no meteorito
El término adecuado para aludir a este cuerpo celeste es asteroide, palabra que designa a un ‘cuerpo menor del sistema solar, de dimensiones inferiores a 1000 km de diámetro y que frecuentemente gira alrededor del Sol entre las órbitas de Marte y Júpiter’. Si se desprendiera de él un fragmento y cayera sobre la Tierra u otro astro, se podría aludir a él como meteorito.

2. 2024 YR4, mejor con subíndice
Es este el nombre provisional del asteroide, que sigue la nomenclatura científica. Conviene respetar esta grafía oficial, que da indicaciones sobre su descubrimiento (tuvo lugar en 2024, en la segunda quincena de diciembre, a la que corresponde la primera letra, la Y) y el orden que ocupa entre otros hallazgos esa quincena (al primero le corresponde la A y, en caso de llegar a la Z, se vuelve a la A, pero añadiéndole un 2, 3, etc.). La Unión Astronómica Internacional recomienda dejar el último de los números, si lo permite la tipografía, como subíndice.

3. Tierra, Sol…, con mayúscula inicial
Si se hace referencia a los nombres propios de los objetos astronómicos, lo adecuado es la mayúscula inicial. Sería recomendable escribir, por ejemplo, «su órbita alrededor del Sol», no «… del sol».

4. Probabilidad en torno al 2 %, no posibilidad
La tercera acepción de probabilidad en el Diccionario de la lengua española señala la ‘razón entre el número de casos favorables y el número de casos posibles’ de que algo ocurra, y no es lo mismo que posibilidad. Por ello, cuando se dice «La ESA reduce la posibilidad de que choque contra la Tierra al 2 %», sería recomendable haber escrito «… reduce la probabilidad…».

5. Las siglas extranjeras, en redonda
El 2024 YR4 ha sido descrito como asteroide potencialmente peligroso, calificación descriptiva en la que lo recomendable es emplear minúsculas, y que a menudo se sustituye por su sigla en inglés, PHA (por potentially hazardous asteroid), escrita en redonda. Lo mismo ocurre con otras denominaciones, como la de asteroides próximos a la Tierra (NEA, sin s, por near-earth asteroids).

6. Escalas de Palermo y de Turín, mayúsculas y minúsculas
Para medir el riesgo y la peligrosidad de impacto de uno de estos cuerpos se utilizan las escalas de Palermo (o escala técnica de amenaza de impacto de Palermo) o Turín, con mayúscula inicial solo en el nombre propio y no en el sustantivo genérico.

jueves, 20 de marzo de 2025

"Los ciudadanos aún puede hacer algo frente al uso perverso que los poderes hacen del lenguaje"

Publicada en Málaga Hoy, el pasado 11 de marzo, la siguiente nota de Pablo Bujalance da cuenta del proceso de lectura que llevó al español Antonio Álvarez de la Rosa a publicar un ensayo sobre el ideario de Gustave Flaubert. En la bajada se lee: "El escritor, traductor y catedrático presenta Flaubert a la carta, la obra ganadora del Premio Málaga de Ensayo en su última edición y que publica Páginas de Espuma"

"Fondo y forma son las dos caras de una misma cosa"

Dejó para la posteridad Gustave Flaubert esta famosa sentencia: "Dios está en los detalles". Y la cita parece encarnarse con fidelidad en Antonio Álvarez de la Rosa, escritor, traductor, catedrático de Filología Francesa en la Universidad de La Laguna (Tenerife) y divulgador incansable de la literatura francesa en España. Ya no solo por todo cuanto su escritura debe al autor de La educación sentimental, sino por su disposición atenta y amable al entorno, dispuesto a que ningún rasgo quede inadvertido. Traductor de Maupassant, Hugo, Le Rouge, Schwob, Echenoz y el mismo Flaubert, Álvarez de la Rosa se proclamó recientemente ganador del Premio Málaga de Ensayo en su décimo sexta edición, dotada con 10.000 euros, con su libro Flaubert a la carta, que presentó este martes en el Ayuntamiento de Málaga en compañía del alcalde, Francisco de la Torre; la concejal de Cultura, Mariana Pineda; y el editor Juan Casamayor, director de Páginas de Espuma, el sello encargado de publicar la obra. El jurado, integrado por Javier Gomá, Estrella de Diego, Espido Freire, Alfredo Taján, el citado Juan Casamayor y la directora del Área municipal de Cultura, Susana Martín Fernández, como presidenta, decidió por unanimidad conceder el premio a un libro consagrado a la obra del autor francés pero estrechamente vinculado a la mejor tradición del ensayo en España, la que desde la Generación del 98 hace de la lectura de los clásicos una cuestión más vital que académica, más contemporánea que pretérita.

Aunque, tal y como anuncia en la primera línea de su libro, Álvarez de la Rosa llevaba años "rumiando la idea de escribirse a la sombra de Flaubert", la idea definitiva de Flaubert a la carta prendió en 2021 en Ruán, a donde el catedrático se trasladó para participar en los actos convocados por el segundo centenario del creador de Madame Bovary. A partir de entonces, el autor vivió una particular inmersión en la correspondencia de Flaubert tras la que asumió la decisión de escribir una autobiografía intelectual a partir de las líneas propuestas en sus cartas por el mismo Flaubert y sus coetáneos: "Mientras daba vueltas a la idea de contemplarme en su espejo, me pareció inquietante y hasta ridículo que, casi en cada página que iba escribiendo, siguiera tronando la voz de Flaubert. Sin embargo, me empezó a parecer normal. Acababa de salir de una prolongada y estrecha convivencia imaginaria con él, con su vida y, sobre todo, con sus cartas y no era raro que estuviese a la sombra de su imponente figura". De hecho, Flaubert a la carta se articula en torno a ese encuentro imaginario con el escritor francés con el reconocible paisaje de Ruán y sus moradores como telón de fondo. Subido a hombros de tal gigante (y de otros muchos, de Montaigne a Steiner pasando por Cocteau y Rabelais), Álvarez de la Rosa escribe, cargado de razones, sobre su mundo, el presente, "desde la suprema importancia de la palabra precisa, la estupidez generalizada y la comodidad del tópico que carcomen el pensamiento del ser humano, pasando por la revolución femenina, el enigma del amor, los problemas sociales, la necesidad de dialogar con los clásicos, la duda como motor de la inteligencia y de la búsqueda de la verdad, el escepticismo ante el poder, cualquier poder".

A la hora de adoptar esta óptica para atender a la realidad actual, Antonio Álvarez de la Rosa se atiene escrupulosamente a la máxima flaubertiana por la que tan importante como lo que contamos es cómo lo contamos: "El anzuelo que me ha tenido enganchado a Flaubert no fue, salvo que mi memoria sea más traidora de lo que creo, solo admiración por sus novelas, ni el alto voltaje reflexivo de sus cartas. Fue y sigue siendo descubrir, a través de su poética, que el fondo -la historia contada, los personajes protagonistas- y la forma -la manera de contar los hechos y los pensamientos- han de ser las dos caras de una misma cosa", escribe el autor al respecto. De ahí que aquella importancia que Flaubert concedía a la palabra precisa se revele de urgente necesidad ahora, cuando de nuevo asistimos al reto de llamar a las cosas por su nombre; esto es, una experiencia veraz exige un conocimiento profundo de la lengua con la que construimos la realidad misma: "¿Los seres humanos somos algo sin la lengua que hablamos? ¿Tiene añgo que ver la lengua con el hecho de que abandonáramos las cuevas, inventáramos la rueda o la azada e incluso el teléfono móvil? Si pensar sirve de algo, ¿puede existir y desarrollarse el pensamiento sin conocer la lengua todo lo profundamente que se pueda?"

Y añade Álvarez de la Rosa a modo de advertencia fundamental: "Los ciudadanos aún puede hacer algo frente al uso perverso que los poderes -políticos o financieros- hacen del lenguaje. Y lo que podemos y debemos hacer, salvo que solo queramos vivir en, sobre o tras una pantalla, es llamar a las cosas por su nombre. Para poder intervenir en la política y en nuestra sociedad, lo primero que necesitamos conocer es la verdad y para ello es imprescindible conocer la lengua". Ya este miércoles 12 de marzo estará Flaubert a la carta disponible en las librerías para que este reconocimiento del mundo de la mano de Flaubert quede al acceso de los lectores. Como una invitación firme a compartir de manera activa la premisa de que la lectura no se conforma con habitar la realidad, sino que ansía transformarla.