viernes, 18 de mayo de 2018

Carlos Gamerro reflexiona sobre la lengua


Como es de dominio común, el año que viene padeceremos otro Congreso de la Lengua. Esta vez el contubernio tendrá lugar en la ciudad de Córdoba (Argentina), que alegremente, junto con la nación entera, dilapidará varios millones de dólares para que un risible rey extranjero se pasee por nuestro país, mientras una serie de académicos a la violeta lleven a cabo sus negocios con otros tantos aprovechados locales. Mucho antes de eso, el narrador, ensayista y traductor Carlos Gamerro leyó el siguiente texto en la presentación del CILE 2019, que tuvo lugar en la Feria del Libro de Buenos Aires, el pasado 11 de mayo.

Seis palabras para el Congreso de la Lengua.

Como cuento con poco tiempo, voy a proponer apenas seis palabras – ya que de palabras se trata – para el próximo congreso de la lengua. Cada palabra irá acompañada de una breve glosa, eso sí. Primera palabra, entonces:

MODESTIA. “Siendo la nuestra una de las lenguas más hermosas y poderosas y eficaces del mundo”, dijo Camilo José Cela en su discurso de apertura del primero de estos congresos, dando, con el gerundio, por sentado el hecho. “Yo creo profundamente que es la lengua española la que con mayor elocuencia y belleza nos da el repertorio más amplio del alma humana, de la personalidad individual y de su proyección social” dijo a su vez Carlos Fuentes en la apertura del tercero. Para no dejarnos arrastrar por tan contagioso entusiasmo, propongo, como antídoto, esta límpida frase de Borges, de “El idioma analítico de John Wilkins”: “todos los idiomas del mundo son igualmente inexpresivos”, idea que completa, en el mismo ensayo, con una frase de Chesterton: “El hombre sabe que hay en el alma tintes más desconcertantes, más innumerables, y más anónimos que los colores de una selva otoñal… cree, sin embargo, que esos tintes, en todas sus fusiones y conversiones, son representables con precisión por un mecanismo arbitrario de gruñidos y de chillidos.” El idioma no es un cuadro de fútbol: para quererlo no hace falta pensar que es el mejor. Cuando Darwin pasó por estas costas, más precisamente por Tierra del Fuego, se topó con los yámanas, que se le figuraron los hombres más primitivos del orbe, y asumió que su lengua constaría a lo sumo de cien vocablos, pues no necesitarían más para su ruda vida. Cuando su compatriota el reverendo Thomas Bridges se tomó el trabajo de preguntarles, pudo compilar un diccionario de más de treinta y dos mil palabras. Lo cierto es que todas las lenguas del mundo son igualmente hermosas, eficaces, bellas y elocuentes o, como quería Borges, deficientes. Ningún carácter intrínseco convierte a una u otra en instrumento más o menos adecuado para dar cuenta de la realidad, de las emociones y del pensamiento. Cito a Borges una vez más, para no perder la costumbre: “No hay edición de la Gramática de la Real Academia que no pondere ‘el envidiado tesoro de voces pintorescas, felices y expresivas de la riquísima lengua española’, pero se trata de una mera jactancia, sin corroboración”. En lo que sí acierta Cela es en lo de la potencia: hay lenguas más poderosas que otras, pero eso se debe a factores externos, como el poderío militar o económico de los pueblos que las hablan, como él mismo se ocupa de recordarnos, en el mismo discurso, al citar la conocida frase de Nebrija: “siempre la lengua fue compañera del imperio.” Hay, sí, un factor específicamente lingüístico, que es también técnico, que influye: la escritura. Una lengua se vuelve más poderosa al acumular una tradición, para lo cual precisa de una escritura: las lenguas no escritas no tienen historia, pues su pasado constantemente se está perdiendo, y están condenadas al puro presente. El español actual, en cambio, es el español que se habla hoy en todo el mundo hispano y es también el español de Fernando de Rojas, de Cervantes, de Sor Juana. El español de ayer es también el español de hoy, y el lugar de ese encuentro es la literatura. En el momento actual, el poder de imponer bien puede dar paso al poder de ayudar: el español puede compartir esta riqueza acumulada con todas las lenguas vecinas, puede y debe ayudar a dar escritura, y así literatura y tradición de largo plazo a aquellas que no la tienen. Lo cual me lleva a la segunda de nuestras palabras:

SOLIDARIDAD. “El español,” dijo Octavio Paz en su discurso inaugural del primer congreso, “no es muchos árboles, es un solo árbol pero inmenso, con un follaje rico y variado bajo el que verdean y florecen muchas ramas y ramajes”. Confieso que la frase me confunde: no acabo de entender si las ramas y ramajes que verdean bajo el árbol son parte del árbol o no, no entiendo si Paz está hablando de las variedades del español o de las lenguas con las que el español se codea. Si se trata de esto último, que es lo que la metáfora parece sugerir, su imagen nos mete en problemas: parece decir que son lenguas que deben sobrevivir o vegetar como mejor puedan a la sombra de ese gran árbol del español. Este árbol del español, lo sabemos, creció en América sobre las cenizas de las lenguas originarias. Lenguas que en muchos casos habían desarrollado o estaban desarrollando una escritura, y por lo tanto una historia, acompañando, también, a sus respectivos imperios: una escritura que la conquista española en algunos casos destruyó, una historia que también borró. No se trata de lamentar el pasado, ni de invocar culpas históricas; sí de descubrir nuevas maneras de abrir el diálogo entre estas lenguas, para lo cual es necesario fomentar el uso y desarrollo de las lenguas locales. Este uso no debilitará el del español, sino todo lo contrario. El español siempre se ha nutrido y enriquecido de todas las lenguas con las que ha entrado en contacto: el árabe, el hebreo, el catalán, el euskera, el vasco, el valenciano, el portugués, las innumerables lenguas originarias de América, las lenguas de África, tanto en África y en América, las numerosas lenguas de la inmigración, y el inglés, en los Estados Unidos y el Caribe. Estas lenguas le han aportado sus vocabularios y también sus ritmos, sus músicas, sus sintaxis, sus pronunciaciones: su aliento, en suma, que también es su alma. Dónde estaría el espléndido español de José María Arguedas sin el quechua, el de Nicolás Guillén sin el afrocubano, el de Miguel Angel Asturias sin las lenguas mayas, el de Roa Bastos sin el guaraní. A la tercera edición de este congreso, realizada en Rosario, se le contestó con el simultáneo Congreso de laS LenguaS, que reivindicó “el derecho a la autodeterminación lingüística de cada pueblo” y proponía “superar el estigma de Babel, para que diferencia no sea sinónimo de destrucción e incomunicación.” El español es y seguirá siendo por mucho tiempo la lengua franca de esta vasta geografía, y es mucho los que puede hacer para fomentar el desarrollo de todas estas lenguas que vincula.

VARIEDAD: El estatuto de la ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española) promueve “velar porque la lengua española no quiebre su esencial unidad.” ¿En que radicará esta ‘esencial unidad’, me pregunto?  Así como las instituciones que se nuclean alrededor de este congreso pueden cultivar la relación con lenguas vecinas, no deberían asustarse y asustarnos con el cuco de una eventual fragmentación del español. Se dice, con razón, que todos los hablantes del español pueden entenderse entre sí. Pero la mutua comprensión es solo uno de los ejes para definir la ‘unidad esencial’ de una lengua. Los hablantes del danés, del sueco y del noruego se entienden entre sí, pero afirman hablar lenguas distintas, porque cada una se corresponde con los límites nacionales. Los hablantes de las distintas lenguas de Italia dicen no entenderse entre sí, pero muchos afirman que hablan dialectos de una misma lengua, para que estos corresponden a sus límites nacionales. La ‘unidad’ de la lengua es una decisión o una ficción a veces más política, simbólica y emotiva que objetivamente lingüística. 

EMOTIVIDAD. Porque hay más en juego que la comprensión. “¿Qué zanja insuperable hay entre el español de los españoles y el de nuestra conversación argentina?” se preguntaba Borges en “El idioma de los argentinos” y se respondía: “Yo les respondo que ninguna, venturosamente, para la entendibilidad general de nuestro decir. Un matiz de diferenciación sí hay: […] Pienso en el ambiente distinto de nuestra voz, en la valoración irónica o cariñosa que damos a determinadas palabras, en su temperatura no igual. […] No hemos variado el sentido intrínseco de las palabras, pero sí su connotación. Esa divergencia, nula en la prosa argumentativa o en la didáctica, es grande en lo que mira a las emociones.” Debemos entonces recordar que además de la mutua entendibilidad, hay que atender a la mutua tolerabilidad. El fenómeno es conocido por todos: podemos deleitamos, aquí en Argentina, con una novela española o una película española rebosantes de españolismos; pero si los mogollones y gilipollas aparecen en una novela de Djuna o de Julian Barnes pueden producirnos dolor de vientre, y si cae en nuestras manos una película en lengua extranjera doblada al español peninsular, preferimos no verla. Entenderemos todo, pero las sensaciones se volverán sutilmente anómalas: lo erótico nos resultará gracioso, lo dramático afectado, etcétera. Lo mismo, presumo, le pasará a un lector o espectador español si la novela traducida o la película doblada les llega en español mejicano o rioplatense. Pero esto no sucede, no se levanta esta barrera emotiva, o no se levanta tan alto, si la obra traducida en Méjico es leída en Argentina o viceversa. La razón es simple: los traductores latinoamericanos traducen para todos los hablantes del español, los españoles sólo para los de España. Pero como los centros del poder editorial están en España, no podemos circular las traducciones hechas en Latinoamérica, no ya hacia España, sino ni siquiera entre nosotros: sobre todo en el caso de autores que son de uso exclusivo, por no haber entrado aún en dominio público. Si hay una brecha que crece entre el español de España y el de América es ciertamente ésta: el mercado está convirtiendo el Atlántico en abismo. Las instituciones y las academias no son responsables de este estado de cosas, pero pueden hacer mucho por modificarlo, si tienen la voluntad de hacerlo. Lo cual me lleva a la palabra:

HERMANDAD. “Recuerdo a los americanos que habláis el español que esta es la lengua común de todos, ni mas ni menos nuestra que vuestra” dijo Camilo José Cela en su discurso inaugural, opinión refrendada en la misma ocasión por Octavio Paz: “El idioma que haban los argentinos no es menos legítimo que el de los españoles, los peruanos, los venezolanos o los cubanos.” Todos estamos tan de acuerdo en esto que decirlo, hoy, parece una perogrullada; además, decir otra cosa sería políticamente incorrecto. Y sin embargo, es un principio más fácil de predicar que de practicar. El corrector Word de mi computadora, cuando lo pongo en “Español argentino” me señala como errores absolutamente todas las formas del voseo. La Real Academia ha elaborado un diccionario de americanismos, pero no un diccionario de españolismos. O sí, pero le han puesto por título Diccionario de la lengua española. Decimos la igualdad, pero seguimos actuando como si el español de España fuera la lengua, y los españoles americanos sus dialectos. Hay síntomas preocupantes: El diario El Mundo publica una lista de las cien mejores novelas en castellano del siglo XX: 70 son españolas y solo 30 de América. Es comprensible que todos tengamos cierta parcialidad hacia los productos de nuestra tierra: pero estoy bastante seguro de que ningún sondeo mejicano, colombiano o peruano daría como resultado 70 novelas propias y 30 del resto del mundo hispanohablante. La lista es de 2001, y podría haber quedado como una curiosidad histórica salvo que es la que se replica en las redes, empezando por Wikipedia, lo cual plantea otro tema de interés: qué español, y qué ideas sobre el español, circulan de las redes. El año pasado, el diario El País difundió una lista de traducciones canónicas, elaborada por la asociación española de traductores ACETT. De las veinte que incluyen, una sola fue realizada por una traductora americana – residente en España. Todas las demás son españolas. Una curiosidad, y un ejemplo significativo: la primera recomendada es la traducción de Lolita de Francesc Roca, muy inferior a la primera y excelente traducción de Enrique Pezzoni, a la cual ni los argentinos, ni el resto de los latinoamericanos podemos acceder: el mercado español nos impone la suya y nos veda la propia. Hay, empero, señales alentadoras: Hace algunos años me tocó participar en el proyecto de traducción “Shakespeare por escritores” dirigido por Marcelo Cohen desde Argentina y publicado por editorial Norma de Colombia. Se trataba de un proyecto panhispánico en el sentido más pleno: escritores de todo el mundo de habla hispana, americanos y españoles todos mezclados y confundidos, traducían las obras de Shakespeare. Y volviendo al ámbito de este congreso, el Instituto Cervantes, que toma su nombre de un escritor que todos los hablantes de la lengua sentimos como propio, que ha perdido toda connotación exclusivamente nacional, promueve en sus filiales del mundo entero la participación de escritores de todo el mundo de habla hispana, sin preferencias ni privilegios. La radicación de este congreso, siete veces en tierras de América, una en España, atiende al mismo principio. Pero no son tan claras las señales que emiten las academias de la lengua. La estructura actual de la ASALE, con una Real Academia española, y una constelación de academias nacionales, hace perdurar la idea, conciente o inconciente, de una jerarquía y una preeminencia. Creo que con el siglo XXI bien avanzado ha llegado la hora de hacer a un lado las metáforas de paternidad o maternidad y hablar únicamente de países hermanos. España y América ya no mantienen lazos coloniales ni en lo político ni en lo económico: es anacrónico pretender que perduren, así sea como fantasmas, en la lengua y la cultura. En lugar de una Real academia, es hora de tener una Academia real, de las lenguas españolas, verdaderamente horizontal y fraterna. Creo que será una ocasión de júbilo para todos, y de alivio para España, a la cual ya le debe estar pesando este inverosímil rol de madre adoptiva.  

CADUCIDAD. “La lengua es más vasta que la literatura” dijo Octavio Paz en Zacatecas, pero también cabe recordar que es más efímera. El griego antiguo ha muerto, pero leemos a Homero; y leemos a Virgilio a pesar de que ya nadie habla el latín. Y no solo se trata de la extinción completa. Las lenguas mueren muchas veces en el curso de sus vidas. Los cuentos de Canterbury están escritos en inglés, pero ningún hablante nativo puede leerlos hoy en su forma original, a no ser que aprendan la lengua de Chaucer, casi como una lengua extranjera. Lo mismo está pasando, o pasará en breve, con el español de El libro del buen amor, el de El conde Lucanor, el de La Celestina. En 2015 Andrés Trapiello dio a conocer su traducción del Quijote – al español contemporáneo. La barrera, una vez más, no es tanto de comprensión referencial o intelectual, sino de participación emotiva. A muchos lectores actuales ‘no les llega’ el español cervantino. No es mi caso, yo disfruto del español de Cervantes, Góngora y Quevedo tan intensamente como de todos los actuales, pero lo percibo en mis alumnos, jóvenes y adultos. Tarde o temprano, todos los monumentos literarios deberán ser traducidos a los nuevos españoles, además de a otras lenguas. Es un horizonte lejano, sin duda, pero no por ello menos cierto. Los sucesivos congresos de la lengua deberán velar, también, por la suerte de una compleja y riquísima literatura que sobrevivirá a la muerte de la lengua en que fue escrita.

jueves, 17 de mayo de 2018

"La Feria es una vidriera que visibiliza y potencia los conflictos políticos que atraviesan a la sociedad argentina"

Terminada la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires de este año, viene la hora de los balances. Según la bajada de la nota publicada el 15 de mayo pasado por Silvina Friera, en el diario para el que trabaja, “La frase de uno de los editores consultados por Página12 sincera los números a la baja que ofreció la Feria. Muchos expositores señalaron, además, que el carácter masivo del encuentro no es parámetro para medir lo que sucede el resto del año.

“Tenemos un mercado deprimido.
No le pidamos peras al olmo”

Nadie se salva de la crisis económica. Los grandes grupos editoriales y los sellos medianos y pequeños están preocupados. Los primeros tienen más espaldas para amortiguar el impacto que los eslabones más débiles de la cadena. Que el dólar haya superado la barrera de los 25 pesos añade más incertidumbre al horizonte de una industria en la que el papel, el principal insumo, cotiza a la par del dólar. No hay razones para festejar, aunque la 44° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que terminó ayer, con menos público y ventas muy dispares, podría haber sido peor. Las malas expectativas iniciales compensan lo que se temía que fuera un hundimiento mayor. Pero el Titanic editorial –más allá que algunas voces hablen de un “efecto burbuja” respecto de lo que sucede en La Rural– empieza a “sincerar” números a la baja y reconoce que la “excepcionalidad” de la Feria no es parámetro para medir lo que sucede el resto del año.

Disidencia y movilización
“El lugar del escritor es el conflicto con la autoridad”. En la memoria de esta edición quedará el histórico discurso de Claudia Piñeiro, uno de los mejores de los últimos años, no solo porque alzó el pañuelo verde de la lucha por la legalización del aborto y puso el dedo en la llaga de la invisibilización de la mujer trabajadora en la literatura, sino porque su palabra logró conectar políticamente con el grupo de estudiantes, docentes y trabajadores de los Institutos de Formación Docente (IFS) de la Ciudad que se manifestaron en contra del proyecto de la Universidad de Formación Docente (Unicaba), impulsada por el gobierno porteño, que implicaría el cierre de 29 profesorados. La escritora se solidarizó con la protesta y pidió que retiren ese proyecto. No era fácil hablar en medio de los cantitos de los manifestantes. Pero logró ser escuchada. Y fue ovacionada. En cambio, las autoridades políticas no pudieron dar respuestas. Enrique Avogadro, el ministro de cultura de la Ciudad, no pronunció palabra. Su mudez –el hecho de no haber dicho ni siquiera “buenas tardes”– resulta inquietante. Pablo Avelluto tomó el micrófono para derrapar y decir que los que protestan son “fascistas”. Los representantes culturales de Cambiemos cuestionaron a Piñeiro “por no haberse solidarizado con los que no pudieron hablar”. La Feria podrá ser una “burbuja” desde la perspectiva de las ventas, pero también es una gran vidriera que visibiliza y potencia los conflictos políticos que atraviesan a la sociedad argentina.

“La suba del dólar no se la podemos adjudicar a la Feria”, ironiza Oche Califa, director de la Feria, cuando se le recuerda que el jueves 26 de abril, cuando se inauguró esta edición, el dólar estaba a 20 pesos y ayer cerró 25,52. “La Feria provoca un momento de mucha vitalidad. De ninguna manera lo que ocurre acá puede ser testigo de lo que pasa el resto del año en el mundo del libro. Uno ve una masividad entusiasta y ve gente saliendo con bolsas con libros. Sabemos que eso ayuda, por eso hacemos la Feria, pero no es indicativo de lo que está ocurriendo. El balance que hacemos en lo inmediato es que nos sentimos muy consolidados como un acontecimiento cultural de masas, más allá de cualquier tipo de circunstancias, tanto económica como climática. Este año tuvimos una Feria atravesada por lluvias en la mayor parte de los días. Creo que llegamos casi al número del año pasado en circulación de personas. Y aumentamos muchísimo la oferta cultural diversa, dirigiéndonos con mucha precisión y efectividad a los diferentes intereses lectores”, plantea Califa a Página12. 

“La iniciativa de abrir un espacio para la Diversidad Sexual hubiese tenido éxito en cualquier lugar. Lo pusimos en la entrada misma de la Feria, en la entrada de Plaza Italia, por donde pasó el 70 por ciento de los que ingresaron a La Rural. El auditorio del espacio estuvo con actividades repletas todo el tiempo. Los colectivos de la diversidad que convocamos estaban maravillados de encontrarse por primera vez con un público masivo”, cuenta el director de la Feria y agrega que Montevideo, la ciudad invitada, desplegó “una propuesta cultural muy creativa”, con invitados notables como la poeta Ida Vitale y los narradores Gustavo Espinosa, Felipe Polleri, Mercedes Estramil y Natalia Mardero, entre otros. La programación de esta edición incluyó charlas y presentaciones de libros con los escritores estadounidenses Paul Auster y Richard Ford, dos premios Nobel de Literatura, el sudafricano J.M. Coetzee y el peruano Mario Vargas Llosa, la narradora y dramaturga francesa Yasmina Reza y la poeta española Elvira Sastre. Entre los actos más concurridos, más de 1100 personas, estuvo la presentación del libro de conversaciones de Luiz Inácio Lula da Silva, La verdad vencerá, publicado por Página12, Editorial Octubre, Editorial Boitempo y El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, con la presencia de la ex mandataria brasileña Dilma Rousseff. La Fundación El libro canceló la proyección del documental Será venganza, una apología del terrorismo de Estado, planteando el límite ético del Nunca más.

Martín Gremmelspacher, el presidente de la Fundación El Libro, puso sobre la mesa la compleja situación de la industria durante la inauguración. Habló de una caída, en los últimos dos años, del 30 por ciento, y precisó que la merma en las ventas está relacionada con la caída del poder adquisitivo: “Siete de cada diez argentinos redujeron sus gastos en los últimos meses”. También se refirió al aumento de tarifas que “están complicando a muchos de los libreros y sobre todo a la industria gráfica”. Como lo viene haciendo inauguración tras inauguración, pidió exceptuar del pago del IVA al papel en la edición de libros. “Hay que entender que en la Argentina nuestra 1.200 librerías son comparables como patrimonio cultural al teatro Colón o al Museo Nacional de Bellas Artes –sugiere Califa–. No se puede jugar con un canal de esa naturaleza; las librerías son parte de nuestra riqueza. Los países hermanos inmediatos tienen apenas el 10 por ciento de ese número. El canal de librerías es importante que sea ayudado para poder sostenerse. Además, la mayoría de las librerías son independientes. En la Argentina no hay una hegemonía de las cadenas; hay una presencia fuerte de varias cadenas que tienen muchos locales, pero la enorme mayoría de librerías son independientes: es un librero, en un local que a veces alquila, tratando de sostener eso que es un bien cultural, más allá del negocio”.

¿Isla o burbuja?
“La Feria no es una isla; estamos con un mercado deprimido, en unas semanas difíciles, no le podemos pedir peras al olmo”, dice Juan Manuel Pampín de Corregidor. “Creo que vamos a terminar con un saldo positivo de un 5 por ciento en ejemplares, pero tuvimos que trabajar mucho para lograrlo. Lo que también notamos es que los libros que se están vendiendo son de menor precio, de 150 a 200, cuando hoy las novedades en el mercado editorial están entre 350 a 400 pesos”, explica Pampín y precisa que la última vez que la editorial subió los precios fue en octubre del año pasado. Por el aumento del dólar de las últimas semanas supone que en junio habrá un incremento de precios en las novedades de la editorial. “El tema es que el mercado tampoco aguanta que se aumente mucho más. Lo que es material de fondo vamos a tratar de mantener el mismo precio. El mercado viene con una caída importante: de 2015 a 2016 fue de un 25 por ciento y de 2016 a 2017 más o menos fue un 8 por ciento. Se están vendiendo menos libros porque la gente tiene menos recursos y destina sus ingresos a pagar los aumentos de la luz y el gas”. 

Martín Badell, de Biblos, dice que esta edición fue parecida en ventas a la de 2017. “Vamos a estar en las mismas cifras, quizá apenas un poco más que el año pasado. Pero 2017 ya fue malo. No hay que generar falsas expectativas. El sector editorial está mal”, aclara y señala que en esta edición las compras de las bibliotecas populares de la Conabip, que siempre ayudaban a subir las ventas, fueron malas porque los bibliotecarios recibieron “la misma plata que el año pasado”. Fernando Petz, de Mandrake, librería de saldos, traza un diagnóstico similar. “El año pasado vendimos bien, pero no alcanzó para dar ganancias –reconoce el expositor–. Tengo la impresión de que este año las ventas fueron menores. El año pasado teníamos una mesa con libros por 40 pesos, que era la mesa más económica. Este año no pusimos esa mesa porque no nos sirve. Necesitamos que la venta mínima por persona sea de 150 o 200 pesos, porque los gastos del espacio son altísimos. Los números de la Feria, según la gente de la Feria, siempre dan para arriba. Después hay que ver cuál es la realidad puntual de cada stand, ¿no?”.

Martín Latorraca, del colectivo de la revista Sudestada, que tuvo stand propio por primera vez en NuevoBarrio, lanza un chiste para aportar una dosis de humor a un asunto que complica el panorama: “La última vez que vimos el sol el dólar estaba a 19 pesos”. La experiencia de estar en La Rural ha sido positiva para esta revista y editorial que funciona “casi como una cooperativa; lo que recaudamos va para reimprimir o sacar nuevos materiales”, revela el periodista. Aunque no tiene una cifra exacta en cuanto a las ventas, dice que entregaron unas 5.000 bolsitas con libros y revistas vendidos. José Juan Fernández Reguera, presidente de Losada, va directo al grano. “Vendimos apenas un 10 por ciento más en pesos en comparación con el año pasado. O sea que nos fue peor que en 2017 por el costo de los empleados más lo que cobra la Fundación. Está clara la cosa, ¿no? La caída la sentimos principalmente en las compras de la Conabip”, sintetiza Fernández Reguera. Facundo Fontanela, del stand del CIN y REUN, que aglutina el catálogo de unas 35 editoriales universitarias de todo el país, comenta que vendieron “un poquito más de ejemplares, pero menos en pesos” que el año pasado.

A Graciela Rosenberg, de Lugar Editorial y presidenta de la CAL (Cámara Argentina del Libro), no le fue tan mal en esta edición. “Estamos un 7 por ciento arriba en unidades, cerca de un 30 por ciento más en pesos. Hubo días de mucha caída en relación al año pasado, pero fueron esos días horribles de lluvia. Este año publicamos más libros, pero más económicos”, asegura la editora y se refiere al impacto que ya está teniendo el aumento del dólar en el sector. “El papel nacional aumentó un 8 por ciento la semana pasada. La resma de papel está cerca de 1000 pesos”, puntualiza Rosenberg. 

–¿Cuánto cuesta hacer un libro de 192 páginas, una edición de mil ejemplares?
–Unos 12 mil pesos –calcula la presidenta de la CAL.

En Capital Intelectual, Esteban Zabaljáuregui declara un incremento del 20 por ciento en la cantidad de ejemplares, lo que asciende a un 40 por ciento en pesos. “El mercado editorial afuera de la Feria no está bien –reconoce–. Acá hay un público cautivo que siempre viene, se da un fenómeno más de burbuja”. Ignacio Iraola, director editorial de Planeta, afirma que las ventas “superaron las expectativas dentro de un escenario de crisis que viene golpeando fuerte al mundo editorial hace ya dos años”. Planeta estuvo un 30 por ciento arriba en pesos, un 8 a un 10 por ciento en venta de ejemplares. “Si bien sabemos que la Feria es un ‘micromundo’ donde todas las editoriales ponen en la mesa lo mejor que tienen en el mercado y el público no es necesariamente un público de librerías, si no un público que compra más por impulso, no cerrar por debajo o empatar es una buena noticia –admite Iraola–. Por otra parte, las compras de la Conabip de este año fueron bajas. No lloro como otros editores, porque no me gusta depender de las compras del Estado, pero esa compra de siempre este año no acompañó, lo cual agiganta la performance de nuestros libros”.

Guido Indij, de La Marca Editora, vendió un 60 por ciento más en pesos, un 30 arriba en cantidad de ejemplares. “Los primeros días empezamos con ventas 100 por ciento arriba, pero después caímos en picada. Las compras de la Conabip fueron flojas: los mismos bibliotecarios, pero con menos guita”, resume el editor. “La Feria es un oasis, nosotros lo sentimos así. Me preocupa porque es el único momento del año en que tengo saldos positivos en el banco. Ahora no sé si tengo que correr a comprar dólares para pagar las facturas. Durante el resto del año estamos recontrajustados. El mes de Feria no es bueno para nuestro canal de librerías en la capital. Las librerías están afectadas por el resto de los aumentos: la luz, el agua, las cargas sociales, los convenios… Es muy preocupante. Nosotros les consignamos a las librerías miles de libros y la librería te va informando las ventas; pero muchas librerías cierran y nunca cobrás eso y uno se lo tiene que pagar a los autores como libros vendidos. Un buen índice de la salud del negocio sería si las librerías pudieran pagar a los 30 días. Pero están pagando a 120 o 180 días, que es mucho tiempo en un país con un 35 por ciento de inflación”. Masiva y ecléctica, la Feria –que se prepara para recibir en 2019 a Barcelona como próxima ciudad invitada– es un espacio de encuentro, disidencias y conflictos.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Algunas observaciones para la inmensa minoría


Hace muchos años, cuando acaso el mundo era más leve (o, al menos eso parece desde el presente) e Hispanoamerica todavía no se había contagiado de los modos de hacer de los Estados Unidos, ser editor era una forma de vida y no un negocio. 

José Luis Mangieri, el célebre editor de La Rosa Blindada, Ediciones Caldén y Libros de Tierra Firme, quien, careciendo de toda estructura, a lo largo de cuarenta años publicó más de 800 títulos, solía decir en público que cuando una editorial se convierte en una empresa editorial, forzosamente la parte de empresa empieza a pesar más que la meramente editorial y de ese modo desvirtúa su razón de ser. 

Eran otros tiempos, porque después, efectivamente llegaron la administración de empresas, el marketing, los cálculos de rentabilidad a expensas del valor, los agentes, la preeminencia de la novela por encima de cualquier otro género, el ordenamiento de los libros en las librerías por editorial, y muchas otras cosas que hoy conforman lo que no sin cierta pretensión se suele nombrar "el negocio editorial", pretexto detrás del cual, en los grandes grupos transnacionales se esconden la desgravación impositiva y otras trampas igualmente redituables –para no mencionar el pensamiento único, y en las medianas y pequeñas editoriales, la confusión y, en ocasiones, los diversos modos de la estupidez.  

"El problema, la decadencia –me comentaba, luego de leer alguna de las últimas entradas de este blog, un experimentado amigo editor, con más de cuarenta años de labor– se inicia cuando el escritor ha pasado a ser autor y el autor antes que lectores se ha lanzado a ganar público. Yo no dejo de recordar las sabias palabras de Juan Ramón Jiménez: escribo para lectores no para el público, o cuando nos recordaba que los lectores gustosos constituimos una inmensa minoría."


Jorge Fondebrider

martes, 15 de mayo de 2018

"La lectura multitudinaria de #Dante2018 ha sido sobre todo argentina"

El 1 de marzo de este año, el escritor mexicano Aurelio Asiain (foto) publicó en la revista Letras Libres, de su país, un artículo a propósito de la gran cruzada llevada a cabo por Pablo Maurette, quien propuso y realizó una lectura de la Divina Comedia por Twitter, a razón de un canto por día. Como es de dominio público, esa cruzada terminó en el anexo de la Biblioteca Nacional con la presencia de varios oradores calificados y mucho público. Pero antes de que ello ocurriera, las siguientes reflexiones.

El contagio de Dante

Muchos medios lo han reseñado y a estas alturas el lector de estas líneas ya estará enterado: a principios de noviembre de 2017 el ensayista y filósofo argentino Pablo Maurette, profesor de la Universidad de Chicago, anunció en Twitter su propósito de leer, a partir del primero de enero de este año, un canto de la Comedia de Dante cada día, invitó a los usuarios de la red a acompañarlo en su lectura y sugirió varios modos de hacerlo: leyendo, en primer lugar, pero también participando en “un comentario masivo al texto de la Comedia. Los lectores contribuirán con sus tuits. Puede ser una cita, una reflexión, un dato, una anécdota, un link, una foto. Basta agregar el hashtag y la cita (por ej. Inf.12, Purg.28, Par.15, etc.)”.

Se entiende pues como comentario a la Comedia cualquier tuit con la etiqueta #Dante2018. No está mal, si se trata de incitar a la participación masiva. La mera cita de unos versos lleva implícito el mensaje “me llamó la atención esto”, y muchas veces puede además deducirse que eso significa “me encantó”, “me extrañó”, “me maravilló”. En la reproducción de un conocidísimo grabado de Doré, sin texto alguno, incluso sin crédito al autor como por desgracia es frecuente, puede sobreentenderse el comentario: “¡miren esta imagen de eso que leímos hoy!”. Lo mismo cabe decir de ciertos comentarios crípticos: “Insinuación de la luz. Avance y retroceso. Suspensión del ánimo. La alusión a Lucano, clave...” en los que hay que entender que hay que entender, aunque a veces no sepamos bien qué. Entre uno y otro extremo, cabe toda clase de cosas, útiles o inútiles, novedosas o predecibles, pensadas o impulsivas, pertinentes o fuera de lugar.

Mientras llegaba enero, Maurette fue calentando el ambiente con otras sugerencias, publicando fotos de cuadros, grabados y libros relacionados con el tema, anunciando que especialistas y aficionados pertinaces se sumaban a la iniciativa, y reiterando la invitación. La respuesta superó sus expectativas, que habrán sido de decenas o cientos de lectores, no de miles. Su cuenta de Twitter pasó, en un mes, de unos dos mil a más de diez mil suscriptores; la cuenta @autodante, que otro usuario argentino abrió para publicar cada día el canto correspondiente, llegó casi a cinco mil. Otro argentino, Pablo Williams, buen conocedor de Dante que abrió su interesantísima cuenta para responder a la convocatoria, y todos los días publica sinopsis del canto, pistas para interpretar el texto, preguntas pertinentes y, sobre todo, ecos literarios y plásticos de la Comedia, ha merecido una atención más modesta: mil ochocientos seguidores.

El 5 de febrero de 2017, según la herramienta Tweet Binder, 792 usuarios publicaron 1,989 tuits con la etiqueta #Dante2018, de los cuales el 54% fueron retuits, el 12% respuestas, el 20% tuits con texto y el 16% tuits con imágenes. (Supongo que el 102% que da la suma se debe a que los tuits con imágenes suelen llevar texto, pero no está claro.) Descontando los retuits, nos quedan 915 tuits. Si nos limitamos a los tuits de texto, cuatrocientos. Suponiendo que todos esos tuits agotaran el número de caracteres disponible, serían 112,000 caracteres. Treinta páginas de Letras Libres. Un poco más que El coronel no tiene quien le escriba. Nada que no pudiera surcarse en una noche, pero inconexo, repetitivo, mayormente inútil y en lenguas de Babel.

O no tanto. Respondiendo a una iniciativa del propio Maurette, en diversas partes del mundo los lectores tuiteros se reunieron en persona a celebrar el fin de la lectura del Infierno. Al Teatro de la Usina en Buenos Aires acudieron mil personas; al Museo Soumaya de la Ciudad de México, tres.

Mucho tendrán que ver la ascendencia italiana de los argentinos, las traducciones argentinas de la Comedia (de Bartolomé Mitre, Ángel Battistessa, Francisco Soto y Calvo, Antonio Milano y Jorge Aulicino), la afición a Dante de Borges, Victoria Ocampo, Mujica Láinez... pero sospecho que también la nacionalidad argentina de Pablo Maurette. (Lo he anotado en otro momento: aunque Twitter es una red mundial, los hilos que siguen los usuarios tienden a ser locales; siguen y son seguidos por compañeros de estudio y de trabajo, colegas de profesión, y se suscriben a cuentas de medios informativos locales, nacionales, mucho menos internacionales.)

De modo que, con ser un fenómeno latinoamericano, la lectura multitudinaria de #Dante2018 ha sido sobre todo argentina, y uno lo nota, siguiendo la discusión, por el español de los tuits y de las traducciones que se citan (“Oh tú a quien dirijo / la voz, y que recién hablabas en lombardo”, traduce Jorge Aulicino), aunque también se cruzan de pronto colombianos, venezolanos, cubanos. Algunos italianos, claro. Pocos españoles.

Me recuerda los principios de Twitter, cuando era una red sin prensa ni televisión y en lugar de leer noticias nos leíamos unos a otros, y yo tenía más conversación con argentinos. Ahora he vuelto a hacerlo. Inevitablemente. De los treinta mil usuarios que siguen mi cuenta de Twitter, apenas 36 siguen la de Pablo Maurette, y entre ellos están los veinte suscritos a la de autodante (que publica el canto correspondiente cada día); los ocho, a la de Pablo Williams, y los veintidós, a la de Humberto Ballesteros, que son algunos de los más constantes.

Para leer todo lo que se publica con la etiqueta #Dante2018 habría que invertir el día completo, y quedaría uno exhausto y odiando a la afición. Pero, ¿quién tiene tiempo? Habrá, quizá y ojalá, algún desocupado siguiendo la etiqueta y sus variaciones, desechando la paja, separando y clasificando el grano con nuevas etiquetas: #síntesis, #interpretación, #conexión, #chiste, #traducción, #postcolonialcritique, etc., de lo cual podría salir un bonito libro. Sin muchas novedades seguramente, quizá ninguna para los especialistas, porque los estudios sobre Dante llenan bibliotecas enteras y cualquier observación que se haga es improbable que no la haya hecho alguien hace años o siglos, con notas, bibliografía y dictámenes, y que antes o después otro, con conciencia o no, la haya refutado con rigor implacable. Aunque con muchas novedades, sin duda, para el lector neófito, o el que se interna en la Comedia apenas por segunda o tercera vez. Y sobre todo con la gran novedad que es siempre la Comedia para cada lector.

No todos lo han hecho, pero yo me he apegado al ritmo de un canto al día. Que sería perfecto, si ya conociera uno pasablemente bien la Comedia, o tuviera un par de horas para leer la traducción preferida, repasar el original con calma, deteniéndose en las notas y resolviendo dudas en diccionarios y enciclopedias, quizá consultando algún estudioso y volver a leerlo de corrido.

No es mi caso. De mi primera lectura infantil recuerdo imágenes que con seguridad provienen de los grabados de Doré, pero ni una línea del texto, ni desde luego la identidad del traductor. La traducción de Ángel Crespo, en cambio, la he leído mucho desde que apareció, a mediados de los setenta, un par de veces de principio a fin. Conozco bien algunos cantos y de otros tengo un recuerdo muy borroso. Y para colmo las lecturas a las que estoy entregado desde hace años no tienen nada que ver con Dante. Así que emprendo la del canto cotidiano con un placer convenientemente culposo, porque me distrae de obligaciones. Como me he impuesto la regla de leer al ritmo del resto, hago la primera lectura en la noche (si la hiciera en la mañana me adelantaría varias horas, por la diferencia horaria), muchas veces cansado y con la cabeza algo nebulosa. La relectura de la mañana, en cambio, la hago con la mente despejada, y es entonces cuando publico algunos comentarios. No muchos, porque dispongo de unos minutos, y por supuesto ancilares: el ritmo de un verso, tal rasgo de un personaje, ciertos paralelismos, contrastes, repeticiones. Los vínculos con otras obras. A veces cosas observadas o leídas hace años, a veces hallazgos del momento. La disciplina de no volver sobre un canto una vez pasado su día, ni adelantarse, tiene desventajas. Me ha ocurrido estar ocupadísimo precisamente los días dedicados a cantos que conozco bien, sobre los que habría tenido cosas muy pensadas que decir, y no tener tiempo sino de lanzar algún comentario al vuelo.

Pero rara vez tengo tiempo de leer mucho de lo que publican los demás, fuera del puñado que sigo con atención. Supongo que los demás tampoco. No importa. Pablo Maurette nos ha puesto a leer rítmicamente a Dante, no con un reto como han entendido muchos periódicos, sino con entusiasmo contagioso que hay que agradecer.

lunes, 14 de mayo de 2018

Esther Allen, traductora de Di Benedetto al inglés, habla con Natalia Gellos



El blog de Eterna Cadencia, en una entrada del 4 de mayo pasado, reproduce un diálogo por mail entre Natalia Gelós, a quien se debe Antonio Di Benedetto, periodista, y Esther Allen, traductora de Zama al inglés.  






Una espera de 60 años para que la obra
de Di Benedetto llegue al inglés

Durante su primer año de trabajo sobre la traducción de Zama, de Antonio Di Benedetto, Esther Allen leyó un artículo en el New York Times sobre Google Translate. En síntesis, la nota trataba de poner a prueba las primeras líneas de algunas novelas famosas. “Una prueba absurda –advierte Allen–. Google Translate, como el mismo artículo explicó, es un motor de búsqueda”. Desde entonces, la traductora inició un juego: cada año, pone en el Google la primera oración de la novela: “Salí de la ciudad, ribera abajo, al encuentro solitario del barco que aguardaba, sin saber cuándo vendría”, para ver qué devuelve ese inglés sin aura. 

“La primera vez salió muy mal, por supuesto – cuenta desde Estados Unidos, en uno de los tantos mails que fueron y vinieron para esta nota–. Y un año después puse otra vez la misma oración y salió tan mal como la primera, pero distinta. Lo raro era que mientras los periódicos no dejaban de decir que Google estaba mejorando increíblemente, de manera casi mágica, y que bien pronto no habría barreras de idioma ni nada, lo que hizo el motor de búsqueda con estas palabras de Di Benedetto fue de peor en peor, año tras año”.

El resultado fue así:

"I left the city, river bottom, to meet the boat alone waiting, not knowing when to come."
"I left the city, riverside down to meet the boat alone waiting, not knowing when it would come."
"I left the city, riverside below, solitaire game boat waiting, not knowing when to come."
"I left the city, banks down, the lone meeting the boat waiting, not knowing when he would come."

Allen acaba de ganar la beca Guggenheim y está contenta. Podrá pasar más tiempo en Argentina en septiembre, cuando venga, porque no tendrá que dar cursos y demás. Podrá dedicarse de lleno a la traducción de El Silenciero, que será The Silentiary y  que aguarda en puerta para ser leído por el público anglosajón. Luego será el turno de Los Suicidas.

Como muchas de las cuestiones vinculadas al universo de quien dedicó su novela a “las víctimas de la espera”, la traducción de Zama llevó sus años. Allen cuenta: “Di Benedetto dice que sólo tardó algunas semanas, menos de un mes, en escribir la novela original. Esto me ha llevado a pensar en cómo el tiempo de la traducción y de la escritura pueden ser muy distintos. Un libro que toma años y años para escribirse a veces está traducido en un abrir y cerrar de ojos, inmediatamente después de la salida en lengua original. Este libro, que se escribió tan rápidamente, tardó exactamente sesenta años en traducirse al inglés”. Desde que ella leyó por primera vez el nombre Di Benedetto hasta que la novela estuvo en las librerías, pasaron unos seis años. Un trabajo que, a la traductora, le abrió la puerta a un universo que la fascinó.
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¿Cuál fue tu primera sensación al leer Zama? Esos minutos posteriores a pasar la página.... 
–Lucrecia Martel cuenta que su primera reacción después de leer Zama fue de euforia. No describiría lo que sentí como euforia, aunque esa fue sin dudas mi reacción a la película de Martel, pero el libro me inspiró una emoción muy fuerte. Escribí toda mi reacción inicial en un largo mail a Edwin Frank, editor del New York Review Books Classics. La primera línea de ese texto largo es muy  sencilla: "It's a masterpiece"  (una obra maestra)… Después describí la trama de la novela, y finalmente, su lenguaje. En realidad sentí que había leído algo que sólo empezaba a conocer, algo que me dejó trastornada y llena de admiración, de dolor –el dolor histórico de este libro, de su contenido y de su contexto en la vida del autor – y de temor ante lo que iba a ser uno de los grandes desafíos de mi vida.

¿Cómo llegaste a Zama? ¿O cómo llegó ella a vos? ¿Qué vínculo tenías con la literatura argentina? 
–Había colaborado con Eliot Weinberger en la traducción de Jorge Luis Borges: Selected Non-Fictions. Tiempo después, la Fundación TyPA me invitó a participar en su Semana de Editores y Traductores de Buenos Aires, y pasé diez días extraordinarios en Buenos Aires en 2005. Esa fue mi primera visita a Argentina. Lo que aprendí entonces fue que la literatura Argentina vista del interior del país es muy distinta a lo que se ve desde el exterior, aún más distinta de lo que uno pensaría, tal vez a causa de la larga historia de exilios. Me sentí muy ignorante. Los editores y críticos con los que nos reunimos en Buenos Aires hablaron de un montón de autores cuyos nombres no reconocía, incluso un tal Antonio di Benedetto. Volví a casa con decenas de libros, pero sin Zama; nadie había tenido una copia disponible. En cambio, sí tenía El silenciero y Los suicidas y los leí, pero no me parecieron las indicadas para introducir a este autor al público estadounidense por primera vez.

La Fundación tenía la costumbre de sólo invitar a los que podían comunicar bien en español. Gabriela Adamo entonces era la persona que coordinaba la Semana de Editores, y ella ya había visto que con respecto a ciertos países esto limitaba su impacto; en Estados Unidos, por ejemplo, el número de editores que hablan o leen español es pequeño – demasiado pequeño. Le sugerí que invitara a dos editores: Barbara Epler, de New Directions, y Edwin Frank, de New York Review Books Classics. En los años siguientes, ellos fueron a Buenos Aires para la semana de Editores, y Edwin volvió con una copia de Zama, que me mandó a su vuelta,  en 2009, para ver qué opinaba.

¿Cómo fue el proceso de traducción? ¿En etapas? ¿De un tirón y luego reescritura? 
–Fue un proceso bastante raro porque al principio había muchísima prisa. Después de recibir mi nota sobre Zama, Edwin contrató los derechos y estaba la idea de tenerla lista para la Feria de Frankfurt de 2010, donde Argentina era huésped de honor. Pero cuando empecé supe inmediatamente que trabajar con prisa no era una opción; esto era un desafío muy grande y había que darle su tiempo. Trabajé dos años en la primera versión y terminé de entregar la tercera parte del manuscrito en 2012. Al mismo tiempo, había leído que Martel estaba dirigiendo una película de Zama  y se lo comenté a Edwin. Y entonces la idea llegó a ser que publicáramos la novela para coincidir con el estreno. Pero la película tardó mucho en salir y como mi traducción todavía estaba en proceso, durante todo este tiempo, volví y empecé a revisar el manuscrito de nuevo. Entregué una versión en 2014, y otra en 2015 y finalmente otra más en 2016, incorporando las sugerencias editoriales de Edwin Frank. Después de cuatro años se abandonó la idea de esperar la película. Resultó ser exactamente un año antes del estreno estadounidense en el New York Film Festival.

¿A quiénes consultaste durante el trabajo? Libros, personas, textos... todo lo que haya servido para completarlo. 
La lista es muy larga. Di Benedetto hizo muchos investigaciones antes de ponerse a escribir. Malva Filer, mi colega en City University of New York, publicó un libro en 1982 sobre sus fuentes: la biografía de Miguel Gregorio de Zamalloa de Efraían Bischoff, el geógrafo Felix de Azara, que describió Paraguay, descripciones de varios viajeros a la ciudad de Asunción. En mi caso, no era necesario rehacer las investigaciones históricas del autor; lo que si tenía que hacer era construir una voz en inglés que pudiera comunicar esta novela. Así que yo también busqué entre exploradores del Cono Sur en el siglo XVIII, pero entre los que publicaron en inglés o fueron traducidos rápidamente al inglés: Antonio de Ulloa; el vice-almirante John Byron, abuelo del famoso poeta británico; Martin Dobrizhoffer, misionero austriaco a Paraguay que escribió su libro en Latín. Y más que nadie, James Boswell y su Life of Samuel Johnson, que era otro modelo en inglés para esa voz altanera y casi arcaica que tiene Don Diego.  (Samuel Beckett era el modelo para la parte contemporánea de la voz). Aparte de estas fuentes históricas, lo que más me ayudó fue el libro imprescindible de Jimena Néspolo, Ejercicios de pudor. Y leí cuánto pude de toda la obra de Di Benedetto — las otras novelas, los cuentos, etc. Roberto Bolaño también tuvo su impacto: es de cierta manera a través de Bolaño que el lector anglófono llega a Di Benedetto.

¿Cómo fue este trabajo en comparación con otras traducciones?
–Era sumamente difícil captar esta voz, sin dudas, e intentar comunicar todas las ambigüedades del idioma y de la trama sin disminuirlas o aplastarlas. Pero lo que hizo que la traducción de Zama fuera muy distinta era el nivel de responsabilidad que sentí: ser la primera en traducir una gran obra, y sobre todo, una que tardó mucho en ser traducida. Se puede matar muy fácilmente una obra en su primera traducción, se puede dejarla sin lectores para siempre. Muy consciente de lo que significa Zama para tantos lectores ya y del nivel de importancia que ha llegado a tener la novela dentro de la historia literaria latinoamericana, trabajaba al principio con una especie de temor de dañar el original. Tuve que poner todo eso fuera de mi cabeza y pensar sólo en la página que tenía delante y lo que ella significaba para mí.

¿Qué fue lo más difícil? 
–Bueno, había dificultades que nunca superé. Por ejemplo, Di Benedetto juega con el sonido del nombre del personaje principal, utilizando palabras con z y a, o hasta con "zama": zamarrear, zalamería, zalema. Que Zama emplee un vocabulario que insiste a veces en los sonidos de su propio nombre es otro aspecto de su solipsismo, de su auto-construcción a través de su propio lenguaje. Pero, aunque mi traducción no es monolingüe— incluye las palabras guaraníes que Di Benedetto utiliza y también muchas palabras en español, no pude encontrar una manera que no fuera muy torpe de incorporar términos como zamarrear. 

¿Alguna otra frase que haya llevado mucho tiempo hasta que logró tomar el espíritu justo? 
–A decirte la verdad, lo que más esfuerzo me costó era una sola palabra que recurre a través de la novela, la palabra más sencilla del mundo: americano. ¿Cómo traducir esto para lectores que tienen una idea muy particular (y a lo mejor muy equivocada) de lo que es un "American"? Y que se toman por los únicos "Americans" que hay.  Traducirlo como "American" no podía funcionar; mis compatriotas son a veces tan limitados en su concepto de esta palabra que me temía que algunos lectores tomaran a Don Diego de Zama por un Yanqui. "Americano" con mayúscula tampoco funcionaba – es el nombre de una bebida, un tipo de café vendido en Starbucks. Alvaro Enrigue me preguntó por qué no puse "criollo", pero criollo, palabra que existe en inglés, no se entiende bien en inglés; la gente la confunde con Creole, o sea "mixto" o "mestizo,"  cuando en este caso es todo el contrario. Por fin, escogí dejarlo tal cual, "americano," y sin mayúscula, exactamente como se escribe en español. Spaniard, en cambio, se traduce al inglés y se escribe con mayúscula en mi traducción. Así, la posición inferior del americano con respecto al Spaniard está allí, visible, manifiesta. La prueba que tengo del impacto de esta decisión es la reseña de Benjamin Kunkel de la novela, que salió en el New Yorker, y que dice que Zama podría ser the Great American Novel. O sea, propone esa visión más amplia de lo que es América que mi traducción buscó apoyar.

viernes, 11 de mayo de 2018

Enrique Redel, editor y dueño de Impedimenta: el mismo barro, pero de este lado del charco


El editor y abogado Enrique Redel, director de la editorial española Impedimenta, pasó por la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Por lo menos, fue entrevistado dos veces por distintos medios. Por un lado, la poeta y narradora Valeria Tentoni conversó con él para el blog de Eterna Cadencia; por otro, participó de una charla colectiva para Cultura InfoBAE, con el periodista Diego Rojas, conjuntamente con Santiago Tobón, editor de Sexo Piso de España, y con Silvia Salgado, de Nórdica.

En la charla con Tentoni, titulada “La buena literatura es la expresión de una insatisfacción”, cuando se le pregunta cómo selecciona a los traductores y qué valor le dan a su trabajo en Impedimenta, responde: “Lo primero que hay que decir es que son todas traducciones directas. Aquella traducción de Cărtărescu de la que hablé fue una traducción indirecta del alemán, y eso se notaba mucho; había partes que se perdían, partes que se interpretaban de manera diferente. Ahora con él trabaja la traductora Marian Ochoa de Eribe, que es una traductora que está entre las mejores en nuestra lengua. Logra darle una altura y una fuerza a los textos de Cărtărescu que hacen que sea emocionante. No es una traductora todavía premiada, porque no está en los círculos de poder de los traductores; es una profesora de instituto en Bilbao, que es una excelente narradora también. Y ahí tuvimos suerte. Luego, tenemos otros muy buenos traductores, pero creo que como Marian Ochoa no existe nadie. Es alguien que es capaz de transmitir esa sensibilidad, al punto de que conoce a Cărtărescu casi mejor que él mismo. En Impedimenta no hay ninguna traducción indirecta. Del japonés, del polaco... Del checo, Patricia Gonzalo de Jesús, maravillosa, increíble; del estonio, Consuelo Rubio Alcover, la única traductora del estonio. Yo nunca contrato un traductor al que no le guste la obra. Necesito que haya esa especie de plus. Las traducciones indirectas son poco honestas, porque ahora mismo existen buenos traductores en cualquier idioma, entonces ¿qué ocurre? Que traducir del inglés, del francés o de cualquier idioma más usual es más barato. Aparte de que se pierde parte del sentido, es una traducción como de prestado. Creemos además que es lo correcto, porque si no es una falta de respeto al lector”.

Otro dato interesante de esa misma entrevista es cuando Tentoni le pregunta a Redel si se le da por escribir: “Se me da bien redactar, pero no soy escritor. Escribí un par de cuentos, plagiados completamente, de Georges Perec, por ejemplo”.

En cuanto a la nota de Diego Rojas, titulada “Editoriales españolas independientes: cómo es el trabajo artesanal para conquistar lectores a ambos lados del Atlántico”, en un momento de la charla el periodista pregunta: “¿Cómo se maneja en España esta relación de la cadena de producción del libro?”. A lo que Redel responde: “Todas las partes tienen su servidumbre pero también su privilegio. Si se ahorran los derechos de autor o se ahorra en pagar al traductor o al ilustrador, se está jugando con ese equilibrio. Si alguna editorial lo hace, el resto de los miembros del campo editorial los debería penalizar. La librería debería ser consciente de que no puede hacer trampas, así como la prensa, como las editoriales, Conozco muchos autores que cuando empiezan dicen: ‘Hombre, que esta editorial me va a publicar, ¿por qué cobrarles?’ y yo les digo: ‘Nunca hagas eso, tienes que cobrar por tu trabajo, como yo por el mío’. Los autores, como los traductores e ilustradores, son los eslabones más frágiles de la cadena. Si se establecen buenas prácticas la cuestión se clarificará y no dependerá de un editor más listo o más pícaro la ruptura de ese equilibrio”.

Todo lo que se lee estaría muy bien, si no existiera el antecedente de lo sucedido con la  traducción de Me acuerdo, de Georges Perec, publicada por Impedimenta en versión de Mercedes Cebrián, de la cual, hasta el día de hoy, existen severas sospechas de plagio en relación con la traducción previa de Yolanda Morató. Y el punto es que Redel, luego de plantear la posibilidad de que ACEtt de España, entidad que reúne a los traductores de la Península, llevara a cabo una comparación para juzgar si había o no plagio, a pedido de Cebrián se echó atrás, sembrando de dudas la validez de esa traducción y la seriedad de su editorial. Más todavía, cuando la lectura, ya no del texto, sino del prólogo de Morató revela que muchas de las ideas allí expuestas fueron usadas posteriormente en el texto de contratapa de la edición de Cebrián. Como la práctica de escribir solapas y contratapas no compete a los traductores, pero sí a los editores, cabe la posibilidad de que el mismo Redel haya sido autor de ese segundo plagio.

Nada de eso ha sido probado hasta la fecha por lo oneroso que es comenzar un juicio por plagio en España, pero toda la secuencia de acusaciones y sospechas, con sus respectivas idas y venidas, y la opinión de varios intelectuales españoles, puede ser leída en este mismo blog, en las entradas correspondientes a los días 9, 19 y 26 de febrero, y 5 y 6 de marzo de 2017. Con esa luz, las palabras del Redel cobran otro color y se ven sujetas a una interpretación que, generosamente, podríamos calificar de ambigua. Y en la medida que esta situación –que de ninguna manera cae en el olvido– siga sin aclararse, sus dichos no se ven respaldados por la seriedad que acaso les correspondería; algo que él mismo, de tener voluntad de hacerlo, podría remediar. De no hacerlo, se hace muy difícil creerle y las dudas que pesan sobre lo que Impedimenta le ofrece a los lectores persisten.

jueves, 10 de mayo de 2018

Michael Cronin, nuevo director del Trinity Centre for Literary and Cultural Translation

Michael Cronin es profesor de francés en el Trinity College de Dublín y el flamante director del Trinity Centre for Literary and Cultural Translation. El siguiente artículo fue publicado en The Irish Times, el 25 de abril pasado. Aquí se reproduce gracias a la traducción realizada por Julia Benseñor

La traducción literaria acerca
el mundo a Irlanda e Irlanda al mundo

“Necesitamos mantener esta conversación cosmopolita más que nunca. A los traductores lesinteresa más levantar puentes que quemarlos, derribar paredes que levantar muros.”

La famosa ocurrencia de Umberto Eco de que "la lengua de Europa es la traducción" adquiere una resonancia particular en la actualidad cuando el futuro de Europa está puesto en cuestión dada la presencia cada vez más explícita de un exclusivismo étnico en todo el continente.

A los traductores, por su parte, les interesa más levantar puentes que quemarlos, derribar paredes que levantar muros. Y en una época en la que sectores enteros de la humanidad pueden ser desechados con un simple rótulo (de migrantes), los traductores pueden a través de su trabajo darles voz a quienes no la tienen, darles nombre a quienes son anónimos.Lo hacen a través de la meticulosa tarea de volcar los escritos de otros realizados en las diferentes lenguasque existen en el mundo a otra lengua que pueda ser entendida. En otras palabras, contribuyen de manera concreta al desarrollo de la imaginación empática, a la capacidad de poder imaginar lo que significa ser otra persona, alguien diferente de uno mismo.

A medida que aumentan las interacciones globales, que miramos la cooperación ecológica coordinada a través del planeta y nuestras ciudades se vuelven más multiculturales y multilingüísticas, necesitamos esta forma de imaginación como nunca antes.

Los traductores literarios, al darles la bienvenida a los escritos de otros en su propia lengua y cultura, practican una forma indispensable de hospitalidad, una apertura al mundo que significa que continuaremos teniendo un planeta en el que se pueda vivir y celebrar. Por supuesto, a lo largo del proceso, los traductores también contribuyen poderosamente con su propia lengua y cultura. Lutero le abrió las puertas al alemán moderno con sus traducciones. Los traductores de la Biblia del rey James alteraron radicalmente el destino del inglés y los traductores franciscanos irlandeses que trabajaron en Louvain y en otros lugares tuvieron una influencia decisiva en la aparición del irlandés moderno.

Ayer celebramos la inauguración de una nueva sede del Trinity Centre for Literary and Cultural Translation en un casa georgiana bellamente restaurada de la calle Fenian, en Dublín. En una asociación entre la Escuela de Lenguas y Literatura y Estudios Culturales del Trinity, de Literature Ireland y de Dalkey Archive Press, este nuevo centro promoverá a los traductores literarios y culturales como profesionales creativos al servicio de conectar lenguas y culturas del mundo, acercando lo mejor de la literatura internacional a los lectores irlandeses y  llevando lo mejor de la literatura irlandesa a los lectores de todo el mundo.

El evento, que incluyó lecturas de la poesía de Seamus Heaney en ruso, húngaro, polaco y español de México, rindió tributo a las contribuciones de Heaney a la literatura en su doble rol de escritor y traductor así como reconoció suimportante apoyo para el desarrollo del Trinity Centre for Literary and Cultural Translation.

Cuando Irlanda se prepara para una Europa post-Brexit, la labor del traductor literario se vuelve más importante que nunca. Necesitamos saber más sobre la vida, la historia y la cultura de nuestros vecinos europeos si queremos desarrollar relaciones resilientes y duraderas que sobrevivan a las dificultades de la desconexión.  

Nuestros vecinos necesitan conocer el rico legado literario de la isla de Irlanda así como las riquezas que podemos poner sobre la mesa europea. Literature Ireland ha sido notablemente exitosa en su objetivo de hacer traducir más de 2.500 obras de literatura irlandesa a las lenguas del mundo. El país necesita los servicios de esas mujeres y esos hombres que tan diligentemente promueven lo mejor de nuestra literatura en sus diversas lenguas.

Ahora que nuestra isla se ha convertido en el nuevo hogar de hablantes de más de 160 idiomas que traen consigo sus diferentes historias y culturas, debemos ver a la traducción literaria como una parte indispensable de nuestra ciudadanía común. Dado que es deseable pero no siempre posible aprender las lenguas de quienes arriban a nuestra isla, podemos siempre recurrir a los servicios del traductor literario para comprender la historia, los orígenes y la profundidad cultural de los recién y no tan recién llegados a la sociedad irlandesa. La traducción literaria acerca el mundo a Irlanda e Irlanda al mundo. Sin duda, necesitamos esta conversación cosmopolita más que nunca.


Ver el original en
https://www.irishtimes.com/culture/books/literary-translation-brings-the-world-to-ireland-and-ireland-to-the-world-1.3472951